La única biografía real de una banda es su discografía. Esa es la vida que supieron construir más allá de los relatos y del discurso público en entrevistas, documentales y, por supuesto, el merchandising (el imaginario visual también fortalece la ficción). Los discos funcionan como huellas digitales, cicatrices en el rostro y esas ruinas del pasado que, simplemente, no se pueden dejar atrás. Se articulan, en la foto general y panorámica, como postales y retratos certeros de un momento existencial en el que se encuentra un grupo de personas que intentaron exorcizar las experiencias de su historia —privada, pública o colectiva— utilizando el formato alquímico de las canciones.
Cuando se escucha la discografía de The Strokes en orden estrictamente cronológico, se pueden ver tres movimientos evidentes y muy diferenciados: explosión ("¡los salvadores del rock!"), quiebre e inestabilidad, con una cuota importante de caos y confusión ("¡¿qué están haciendo los que no salvaron al rock?!"), y reinvención ("¡clásicos totales!"). Ahora bien, dentro de cada disco esa cronología vuela por los aires, porque la vida funciona de otra manera.
El edificio sonoro que construyó la banda estuvo en varios momentos al borde del derrumbe, pero para sostenerlo con credibilidad artística —una obsesión que los mantuvo inquietos e inseguros, y muy lentos y cautelosos a la hora de publicar— tuvieron que encontrar puntos de fuga hacia el futuro sin dejar de prestarle atención al pasado. Se encontraron con el dilema que descubre toda banda que tiene un primer disco perfecto y consigue una atención desmedida: dejar de ser solo una promesa y pasar a ser una confirmación. Cuando hay demasiadas expectativas, el peligro siempre es el de provocar una enorme decepción, lo que significa el viaje más rápido hacia el olvido.

En ese sentido, The Strokes siempre fue una banda que pudo hacer de la historia del rock —los 70 en la primera parte de su recorrido y los 80 desde hace varios discos— la usina donde ir a buscar eso que se llama inspiración para llevarlo a su propio terreno de trabajo. Y desde ahí, en un desplazamiento de apropiación necesario, construir una personalidad que fue mutando con el tiempo y les dio una vigencia y una actualidad ineludibles, algo que se demuestra a la hora de encabezar festivales multitudinarios en todo el planeta.
De un comienzo como jóvenes que vivían todo a una velocidad demasiado peligrosa —al cliché de sexo, drogas & rock and roll hay que agregarle un cambio de milenio que sumió al mundo en otro escalón descendente e infernal— a unos adultos politizados que se preocupan por cuestionar la política internacional de Estados Unidos en un mundo en guerra permanente, The Strokes siempre buscaron el presente como el único objetivo hacia el que disparar sus canciones. Un recorrido que se verá de menor a mayor.
Antes de su nueva visita a Argentina, en el marco del Primavera Sound Buenos Aires 2026, ordenamos los discos de The Strokes de peor a mejor:
7. Angles
2011 - RCA

Cuando se filme la biopic de The Strokes, habría que empezar por este momento totalmente crítico y tenso de la banda, cuando entregan un disco que muestra eso: la caída de un sueño y la aparente muerte de un grupo ambicioso. Es decir, si este hubiese sido el último trabajo de su carrera, se habría tratado de un fracaso absoluto para lo que había comenzado en una suerte de cima rockera.
Las diez canciones de Angles muestran desarticulación ("Two Kinds of Happiness"), desgano ("Taken for a Fool"), piloto automático ("Under Cover of Darkness") y algo de luz al final del túnel que solo se puede ver desde este momento de la historia: pequeños destellos de lo que vendría ("You're So Right", "Games" y "Life Is Simple in the Moonlight"). El disco es una bitácora del momento de la banda, luego de un proceso de recuperación física de sus adicciones, de los desvíos de sus proyectos solistas que no funcionaron como esperaban —aunque se puede vincular cierto aire de este disco con Phrazes for the Young, el disco solista de Casablancas de 2009— y del hecho de abandonar el modo pandilla-hermandad para existir y crear.
Por lo tanto, cada uno grababa por separado, viajaba en un avión distinto cuando tocaban y trataban de mantener la mayor distancia posible. El resultado de todo eso es Angles. Sin embargo, hoy se puede apreciar como un disco de transición. ¿Qué es eso? El paso necesario para atravesar la muerte y encontrar, si se sigue en el camino, la reinvención.
6. Comedown Machine
2013 - RCA

Con este disco, The Strokes terminó su contrato con su discográfica, RCA (algo que, por cierto, es lo primero que se ve en la tapa). Y, un dato nada menor, no hubo gira ni prensa por decisión de Casablancas, aunque toda la banda coincidía en su hartazgo del periodismo, sobre todo del gráfico. Fue un disco que marcaba el fin de una era para la banda y, a la vez, podía escucharse como la consolidación de una búsqueda sonora iniciada con Angles, que fue el envión que los trajo hasta este presente.
Comedown Machine muestra la capacidad de solidez en proceso de una banda, todo hay que decirlo, todavía en período de recuperación, que no se quiere dar por vencida y tampoco desea vivir de las glorias pasadas. Es por esto que la canción "All the Time" dice: "No one talks / About the war"; y más adelante: "You're livin' a lie, you're livin' a lie / You're livin' too fast, you gotta pray for the best". Ya desde el comienzo, además de mostrar un nuevo falsete de Casablancas, aparecen ideas de oscuridad y desolación. En "Tap Out": "They found our city under the water / Gotta get my hands on something new"; en "One Way Trigger": "Please, please don't point it that way / It's just a trigger that goes once and you'll be unafraid / I wish that I'd been noticed but it never goes that way"; en "Slow Animals": "Everyone can see that you're a psycho in this place / The next generation will forget", y así sigue.
Grabado en el legendario estudio Electric Lady, donde todos aportaron a las composiciones, en este disco The Strokes se ponen las pilas nuevamente —aunque les cuesta muchísimo— y demuestra que la ambición puede regresar cuando realmente te importa lo que estás haciendo. De todas maneras, pasaron siete años hasta que sacaron otro disco. Las cuentas entre ellos no estaban saldadas del todo, pero iban hacia ese lugar.
5. First Impressions of Earth
2006 - RCA / Rough Trade

Este disco marca el cierre de la etapa iniciada con Is This It. En el momento de su aparición resultó algo desconcertante por sus coqueteos con sonidos más pesados en "Juicebox" (primer corte de difusión), "Heart in a Cage" (con un excelente video), "Vision of Division" y, sobre todo, en el estribillo —Casablancas dijo que se le ocurrió en un sueño— de "Ask Me Anything": "I've got nothing to say, I've got nothing to say". ¿Qué significaba esto? ¿Que ya no tenían "nada para decir" y lo admitían en una canción del disco que los tenía que posicionar en un lugar distinto al que estaban? The Strokes, en este momento de su recorrido, no era la banda taquillera que se esperaba: no llenaba estadios, no vendía más discos que antes y tampoco circulaba en el tope de los rankings (fue la última vez en que eso importó).
Si bien ellos habían empezado un revival del rock, les iba mejor a otras bandas que habían sido influenciadas por ellos, como Arctic Monkeys y Kings of Leon, por ejemplo. Por eso mismo, es un disco que carga un nervio muy tenso en su interior a pesar de tener algunas de las melodías más logradas de toda su carrera: "You Only Live Once", "Razorblade", "Killing Lies", "Ize of the World", "Evening Sun" y "Red Light". Es decir: se trata de un corpus de canciones en el que Casablancas quería cumplir con las expectativas puestas en la banda por parte de la industria y, a la vez, conquistar su propio espacio para desear con ganas y expandir el universo de The Strokes.
First Impressions of Earth fue un disco que puede considerarse extenso sin ser desbordante de ideas y que dejó la sensación de tener material de relleno ("On the Other Side", "Fear of Sleep", "15 Minutes") puesto en lugar de la "Gran Obra". Estaba el concepto de imaginar cómo sería ver la Tierra por primera vez —la tapa remite a eso—, pero quedó la sensación de que el espacio les resultó demasiado grande para lo que podían hacer con ese tiempo.
Un disco que, por otra parte, desgastó a la banda y la puso en un territorio incierto porque estaban decididos a sacarse de encima la etiqueta de "salvadores del rock", pero tratando de conquistar respeto por el trabajo hecho y de que se notaran sus ganas de dar el próximo movimiento. The Strokes ingresaba así en su período de perdición y desperdicio de los dones conseguidos.
4. Reality Awaits
2026 - RCA / Cult Records

Es casi imposible no relacionar los mejores discos de The Strokes con dos productores que delimitan, con mucha claridad, dos momentos de su historia y de su viaje como banda que quiere explorar y sumar un pueblo más a su territorio en expansión: Gordon Raphael y Rick Rubin. ¿Qué podría decirse que aportó cada uno? Por un lado, Gordon: identidad, espíritu atemporal —hauntología, diría Mark Fisher—, sensación de peligro acelerado y una belleza cruda que resplandece. Por otra parte, Rubin: recuperación de un sistema —y un clima— de trabajo productivo, con la jam session como usina insuperable; reconocimiento de las nuevas zonas inexploradas por la banda; y un sonido que se percibe como clásico y exquisito, pero bien de siglo XXI. Además, hay que decir que cada uno de estos productores hizo su aporte al trabajo con la voz de Casablancas: la saturación que Gordon trajo del grunge y que le dio el toque que faltaba para hacer algo distintivo con su voz; y, en el caso de Rubin, el autotune que quedará por siempre pegado a este disco por la polémica que generó.
Es posible decir, entonces, que Reality Awaits es el hermano menor de The New Abnormal. ¿Por qué? Sencillamente porque no se puede revivir dos veces. Y The Strokes no es una banda que cambia de disco a disco, sino que se mueve por períodos de varios años en los que se enamoran de una idea y la llevan hasta las últimas consecuencias. Lo que escuchamos en Reality Awaits ya venía desde antes, pero esto representa una virtud teniendo en cuenta que se cumplen 25 años de la salida de Is This It y que The Strokes decide hacer su gira más grande en más de una década. ¿Qué significa esto? Una decisión importante: no tienen ninguna intención de volverse una banda paródica ni un karaoke de sí mismos. Quieren decir que tienen un presente, que son estas canciones. Y quien mira al presente tiene un futuro. "Dine N´Dash" demuestra que podemos esperar más canciones extraordinarias.
3. Room on Fire
2003 - RCA Records

En el excelente documental Meet Me in the Bathroom, dirigido por Will Lovelace y Dylan Southern y basado en el libro homónimo de Lizzy Goodman, se cuenta que este fue un disco, digamos, sin cocinar, al que le faltaron maceración y varios golpes de horno. ¿Qué significa eso? Que no debieron responder a los tiempos de la creación —"¿por qué nos estamos apurando?", se preguntaba el guitarrista Albert Hammond, Jr., que no pudo incluir ninguna de sus canciones—, sino a las exigencias de la industria, que había puesto los billetes y los ojos en ellos. Quien estaba más nervioso era Julian Casablancas, que no quería decepcionar a nadie. ¿Cuál fue la movida, entonces? Hicieron lo mismo que los Ramones: The Strokes repitió su primer disco, solo que con algunas sutiles capas de variación que emergieron de manera imprevista. Por ejemplo, "Under Control" ("I don't wanna change the world / I just wanna watch it go by"), "Automatic Stop" ("She wanted him, he wanted me") y "The End Has No End" ("He want it easy, he want it relaxed / Said I can do a lot of things, but I can't do that") aportan elementos de novedad que, por otra parte, sostienen una fibra de negatividad que atraviesa todo el disco.
En este sentido, esto se debe a la lírica y la voz de Casablancas: siempre deja en claro que su posicionamiento estético-poético es contradictorio, tiende a la ambigüedad y busca mostrar el lado oscuro de la luna. Si aparecen estados de alegría, es para desconfiar; si surgen instancias de felicidad, es porque se vivieron momentos de dolor; si el amor es una idea real, hay que mirar quién está detrás de ella. Es decir: como letrista y cantante, se vuelve el soldado de una guerra invisible que solo él percibe. Ese es su encanto: hacer melodías con la destrucción cotidiana y seguir adelante a pesar de todo. Pero, sin caer en la despreciable autoayuda, quiere poner frente a nuestros ojos la complejidad del mundo, de las relaciones, de la amistad, de la política.
2. The New Abnormal
2020 - Cult / RCA Records

Este fue, a su modo, el soundtrack de la pandemia. El título, que había surgido tiempo antes a partir de un chiste interno ("estamos componiendo cosas nuevas y anormales") y en referencia a los grandes incendios que sufría Los Ángeles durante el período de grabación en el estudio Shangri-La de Rick Rubin (que no se quemó), le calzaba como un guante. Además, les hizo ganar el primer Grammy de su carrera.
The New Abnormal vuelve a poner las cosas en su lugar para The Strokes: pueden hacer un disco perfecto —y absolutamente situado en Nueva York— otra vez. ¿Cuántas bandas pueden decir lo mismo? Es uno de esos discos en los que no se puede saltear ni una canción. En esa continuidad abarcadora, total, está el goce de la experiencia de escuchar discos completos.
El comienzo con "The Adults Are Talking" pone en situación al oyente: rock adulto, que se hace cargo de la edad y comprende que negociar con esta época es salir perdiendo siempre. Por lo tanto, hay que buscar aquello que permita ingresar en un estado de creatividad sin desligarse de la diversión. En ese sentido, es un disco con mucha influencia de los 80 (se habló de Billy Idol como el máximo santo al que le rezaron). Dos de las canciones más bellas tienen esa esencia: "Brooklyn Bridge to Chorus" y "Eternal Summer". Pero también se suma la calidez de "Selfless" y "Why Are Sundays So Depressing", junto con la inmensa "At the Door". "Bad Decisions" aporta un gen indudable de la banda: es una de esas canciones que podrían haber estado en cualquiera de sus discos sin desentonar en ninguno. El cierre con "Not the Same Anymore" y "Ode to the Mets" resulta terriblemente adecuado para el recorrido trazado por el álbum. Es el mejor desempeño vocal de Casablancas en toda su carrera. Y hoy es su disco más escuchado en Spotify.
1. Is This It
2001 - RCA Records / Rough Trade

En el Ulises de James Joyce aparece esa famosa frase que pronuncia el personaje Stephen Dedalus (alter ego del autor): "La historia es una pesadilla de la que intento despertar". Es una verdad absoluta que atraviesa todas las épocas. ¿Quién puede estar a la altura de su pasado? ¿Quién cumplió todas las promesas que se hizo frente al espejo, de madrugada o antes de acostarse? En relación con este viaje que estamos terminando, se puede decir que, por momentos, parecía que para The Strokes su primer disco se había vuelto una pesadilla de la que intentaban despertar. Pero antes de eso estaba la increíble maravilla de esas canciones, dispuestas en ese orden y reunidas en ese disco.
Is This It fue, en principio, como ocurre con esos grandes discos que además son un debut, una montaña de energía demoledora e imparable que un momento de la historia estaba necesitando (aunque no lo supiera). Es un despertar, un estado de enamoramiento por esa creación y un empuje para que algo —¿la época?, ¿la vida?, ¿la juventud?, ¿el rock?— avance y pueda tomar un nuevo camino. The Strokes eran unos chicos privilegiados que necesitaban demostrar que estaban más allá de sus privilegios y que podían hacer la música con la que soñaban. La posibilidad de concretarlo, es decir, de dar ese vuelco de la imaginación a la materialidad de las canciones, es lo que le dio a ese disco la sensación muy real de haber sido hecho en estado de gracia.
¿Y qué significa eso? Bueno, la posibilidad de conectar con muchos puntos dispersos a la vez. Por un lado, el almanaque estaba pidiendo un recambio: se trataba del cambio de milenio. A esto hay que sumarle un nuevo orden mundial marcado por el ataque a las Torres Gemelas, que funciona en esta historia como un trasfondo nada aislado, sino como un hecho ligado de forma ineludible a ese momento. Por otra parte, está el ensamble y la unión que lograron como banda: el sonido de las guitarras, ese diálogo filosófico entre las cuerdas de Nick Valensi y Albert Hammond Jr., volvió a poner la urgencia y el hambre de experiencias en un lugar preponderante. A eso se sumaban la voz de Casablancas al borde de la saturación (¿viene del futuro, del pasado o del mismísimo más allá?) y el bajo de Nikolai Fraiture, que daban forma a melodías que se te metían en los dientes y no podías dejar de masticar. Como golpe final estaba el brasileño de apellido italiano, Fabrizio Moretti, que parecía tocar como quien quisiera abrir el mundo en dos partes y meterse ahí para siempre. Para terminar, fueron la punta de lanza de una suerte de movimiento que luego continuó con otras bandas contemporáneas —Yeah Yeah Yeahs e Interpol, por nombrar las más atractivas—, que demostraron que el rock de Nueva York podía significar algo más intenso que lo simplemente cool.
Desde el comienzo hasta el final, Is This It presenta una articulación notable entre concentración ("Is This It"), economía ("The Modern Age"), crudeza ("Soma"), agresividad ("Barely Legal"), tensión ("Someday"), velocidad justa y necesaria ("Alone, Together"), melodías inolvidables ("Last Nite", "Hard to Explain"), comentario político sin bajar líneas desangeladas ("New York City Cops"), humor corrosivo ("Trying Your Luck") y sensación de urgencia e importancia ("Take It or Leave It"). Les alcanzó para marcar a una generación, dejar su huella en la historia del rock del nuevo milenio y sostener una carrera que busca constantemente no rendirse ante la nostalgia ni las efemérides. Una banda que lucha por mantenerse en estado de presente. ¿No es eso el rock, antes y después de todo? Esa es la ambición que los sostiene.
The Strokes se presentará el domingo 29 de noviembre en Primavera Sound Buenos Aires 2026, en Club Ciudad de Buenos Aires (Av. del Libertador 5683, CABA). Entradas disponibles a través de Enigma Tickets, 25% de descuento con Comunidad Indie Hoy.









