Cristian Aldana fue declarado culpable en cuatro cargos de abuso sexual y corrupción de menores, por el Tribunal Oral en lo Criminal N° 25. El líder de la banda El Otro Yo se encontraba en prisión preventiva desde el 23 de diciembre de 2016, acusado de abuso sexual y corrupción de menores. El rumor circulaba desde hacía años por «el ambiente» del rock y el under, pero nadie hacía mucho al respecto y su banda seguía presentándose en vivo.

En 2016 comenzaron a conocerse testimonios contundentes, y varias víctimas del músico pusieron el cuerpo para realizar denuncias judiciales y también sociales, relatando sus historias frente a cámara. El juicio comenzó en 2018 y se pensaba que duraría 8 meses pero lleva más de un año. Por el juicio pasaron 83 testigos y 7 denunciantes, hoy mujeres y en su momento adolescentes y niñas, que vivieron los abusos de Aldana. «No soy ni un violador, ni un acosador, ni un violento; es mentira», dijo hoy el músico, como si se tratara de una grabación que no deja de repetirse o un último manotón de ahogado.

Como los testimonios explotaron en el marco del movimiento feminista, Aldana intentó «defenderse» siempre diciendo que todo esto era mentira y se trataba de una conspiración en su contra. En el medio también, las pibas se unieron, surgió el espacio virtual Ya nos nos callamos más y sentó precedentes para que cientos de mujeres se animaran a hablar sobre los abusos que habían sufrido por parte de rockeros. Hoy 12 de julio de 2019, en el Tribunal Oral y Criminal Nº 25, Aldana fue condenado a 22 años de prisión por delito de corrupción de menores. A pesar de que el fiscal Guillermo Pérez La Fuente pedía 35 años, el veredicto fue dictado hoy a las 15:30 h.

El músico no estuvo presente en la sala cuando se leyó la sentencia pero, en la previa de la sentencia, Aldana se expresó disconforme y sostuvo que ninguna de las denunciantes podía mirarlo a los ojos ya que nada de sus testimonios era real. «Sin defensa no hay juicio» decía el cartel improvisado que sostenía el acusado. Sus declaraciones del día de hoy fueron reproducidas en altavoces, por pedido de él mismo y, además de leer un pasaje de la Biblia, atribuyó su inminente condena a cuestiones ideológicas: «Estoy convencido de que antes de que arranque el juicio yo ya estaba condenado, porque lo mío es una condena mediática, no solo judicial. Los medios ponían ‘músico K condenado por abuso’.»

Las siete denunciantes fueron tenaces desde el comienzo, incluso antes de que el caso se hiciera público. Se convirtieron en figuras de inspiración para mujeres que estaban asustadas y no se animaban a hablar, sabiendo que desenmascarar a una figura de la música no es tarea fácil y que el sistema patriarcal se vuelve cómplice de estos actos porque la figura del ídolo es intocable. Hoy los ídolos se desmoronan a cada paso, nuestros artistas están cada vez más humanizados y por eso se vuelven plausibles de ser condenados por el público y la justicia, cuando corresponde.

«Que esta sentencia sea una puerta abierta para todes quienes sufrieron abuso sexual en la infancia, en la adolescencia o violencia de género no tengan miedo de hablar», expresó Ariell Carolina, una de las denunciantes y quien fuera una de las creadoras de Ya nos nos callamos más.