Con una puesta que resalta el valor del maquillaje (Analía Arcas) y el vestuario (Juan Miceli), Hacela corta Beckett se afianza en la cartelera porteña dando a conocer seis textos breves del autor irlandés, no tan representados. Las actuaciones de Jessica Schultz, Gerardo Baamonde, Celeste García Satur, Marina Tamar, Eduardo Lamoglia y Carlo Argento rescatan ese potencial expresivo del lenguaje y también del silencio porque saben brillar en su propia ley. La adaptación de Hugo Halbrich y Rubén Pires es precisa e indicada. En un trabajo supervisado por Lucas Margarit (investigador de Beckett y titular de la cátedra de Literatura Inglesa de la UBA) han llevado a cabo la ardua tarea de acercarnos a este inquietante autor, traduciendo el valor literario y dramático que estas piezas condensan: La mecedora, Monólogo, Va y viene, Ohio Impromptu, Pisadas y Play. Pires, desde la dirección, consigue abrirnos a la intensidad de universos encapsulados en 70 minutos.

Lo repetitivo aparece en la acción de mecerse y también en el discurso. Las palabras no dichas pueden ser escuchadas y las posiciones estáticas son una forma de movimiento. La redundancia de palabras se convierte en otro modo de acercarse al vacío, como cuando repetimos un mantra para vaciar la mente. El absurdo aparece una y otra vez al igual que en el mito de Sísifo, quien tenía que cargar con una enorme roca hasta lo alto de una pendiente: cuando esta volvía a caer, él debía volver a subirla. ¿Podríamos pensar al mismo tiempo en la idea del eterno retorno, como la desplegó Nietzsche?

En estas historias confluyen la soledad y la compañía, los fantasmas con las presencias sólidas, la imaginación y la realidad. La idea del doble y del eco están presentes. Hallaremos un triángulo amoroso (todos ellos con el cuerpo enterrado en urnas y viendo sólo las cabezas), un hombre que recibe una misteriosa visita, tres amigas en cuyos cuerpos podemos adivinar esa rivalidad que a veces hay entre las mujeres y esos secretos que se imponen en las amistades.

Hay una ventana, una única ventana; es esa que conecta con el otro, porque hay ojos por todas partes pero parece que falta esa mirada que conecta, otra “alma viviente”. Las otras persianas están bajas, no hay posibilidad de comunicación, solo el lenguaje para penetrar el vacío. Una mujer muriendo en una mecedora nos habla de ese punto donde vida y muerte coinciden: los bebés también se mecen pero en cunas. El nacer es la causa de la muerte, se nos dice.

“Muchas fueron las noches en que caminaba sin pausa de un lado al otro, de un lado al otro […]. El amor de Dios y la compañía del Espíritu Santo sean con nosotros, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”; estas palabras de Pisadas también vuelven a la idea de la reiteración, en el movimiento y en las oraciones religiosas. Lo repetitivo aparece como esa plegaria que forzosamente debemos enunciar todas las noches para alcanzar la salvación. No estamos esperando a Godot, aunque en efecto, algo estamos esperando.

*

Hacela corta Beckett se presenta todos los martes a las 20.45hs. en El Tinglado Teatro (Mario Bravo 948, ACAB). La adaptación y traducción corresponde a Hugo Halbrich y Rubén Pires; con supervisión de Lucas Margarit.

Comunidad Indie Hoy