Foto: Corinne Shiavone

Cada vez que sale un nuevo álbum de Deafheaven, se produce la misma discusión en algún rincón del universo metalero: ¿esto es metal? Porque sonará bastante gritón y frenético para la media del rock indie, pero a la vez es demasiado “bonito” y suave para los puristas de lo pesado. Los chicos de Deafheaven no son los primeros en mezclar black metal con shoegaze y post-rock (los franceses de Alcest fueron los pioneros, hace más de una década), pero sí los primeros en llegar a una audiencia más amplia, cuando en 2013 sacaron su ya clásico Sunbather (considerado el mejor álbum del año por el sitio Metacritic). Su fama hizo que muchos metaleros lo acusaran de ser el disco de moda para los hipsters, una respuesta predigerida a la música auténticamente fuerte. Algunos dijeron incluso que los integrantes de Deafheaven no se mostraban como metaleros (a lo que el cantante respondió: “la gente que está preocupada por el modo en que nos vemos tiene que crecer”).

La pregunta de qué es metal y qué no es una de las contradicciones más intrigantes de un género que, al mismo tiempo, está entre lo más innovador que existe a nivel sónico y lo más receloso con respecto al mundo exterior. Por un momento, en 2015, Deafheaven pareció inclinarse hacia su lado más pesado, más “purista”, en el magnífico New Bermuda. Pero, tres años más tarde, decidieron bajar el tono y abrazar su costado más soñador y melancólico. El resultado, llamado Ordinary Corrupt Human Love, suena retrospectivo pero es un paso adelante.

Queda claro desde el primer segundo que la banda no tiene ningún reparo en explorar su veta suave. La apertura, “You Without End”, parte del silencio y es tomada lentamente por el sonido del mar y el piano. Una voz femenina cuenta la historia de un muchacho que espera curar sus heridas mientras se funde con el atardecer. Y esas letras, escritas por el cantante George Clark (una especie de Ian Curtis enojado cuando está en escena), son más poéticas que nunca, con metáforas de fuego, tierra y “cielos bíblicos”, pero que cortan todo rastro de cursilería con imágenes violentas (ahogarse con sangre) y con detalles mundanos (gente que fuma marihuana, autos que pasan). La guitarra y los gritos van apareciendo de forma orgánica, medida, y lo que había empezado tan callado termina siendo, de forma muy natural, algo envolvente y majestuoso.

Que haya esta búsqueda de serenidad no significa que la banda haya roto del todo con su pasado. Tomen como ejemplo “Honeycomb”, primer corte del álbum: el principio es tan retrospectivo que hay un riff de guitarra similar a otro de New Bermuda. O más bien, es idéntico. Me resulta difícil pensar que no lo pusieron a propósito, como diciendo: “Esto les va a sonar, pero créannos: vamos hacia otro lado”. Y, pasada la mitad, compruebo que es cierto: el tema se vuelve un largo y tranquilo pasaje de guitarra que me trae a la mente imágenes descoloridas y caminatas de la infancia. Está claro que la gente de Deafheaven estuvo prestando atención al rock alternativo y quizás hasta a la música emo.

La estrella del álbum es el segundo corte, “Canary Yellow”, que seguramente va a ocupar un lugar destacado en mi selección de mejores temas de 2018. Podría decir que suena como un My Chemical Romance en un día metálico y optimista. A pesar de los gritos, los sonidos son brillantes, expansivos, y producen una sensación de euforia. Y esto se mantiene incluso en el final, cuando el resto de la banda corea la frase sobre atragantarse con la sangre de sus amantes que comentaba recién. Como las otras grandes composiciones de Deafheaven, se caracteriza por sus melodías hermosas y fáciles de recordar, pero que no pierden dinamismo a pesar de extenderse nada menos que por 12 minutos.

Aunque soy un gran fan del cambio en el estilo de los artistas, hay un tema que se va tanto en otra dirección que está cerca de arruinarlo todo (y al decir esto me acerco a los puristas que mencionaba al principio): se llama “Night People” y cuenta con la participación de Chelsea Wolfe, que canta a dueto con quien primero pensé que era Clark, pero luego averigüé que se trataba de Ben Chisholm, colaborador habitual de ella. El cambio de los gritos a estas voces prácticamente susurradas es un poco brusco y el tema nunca despega: se siente como un interludio agradable y no mucho más.

Siempre resulta difícil entender lo que dicen los cantantes que aúllan tanto como el de Deafheaven, pero después de una hora de acompañarlo, entre sus letras sobre Cortázar y animales nocturnos, entre sus baterías aceleradísimas y sus sonidos cinematográficos… tengo la sensación de haber emprendido un viaje transformador. Sin dudas es de lo mejor que nos viene dando este sorprendente año 2018.

Deafheaven – Ordinary Corrupt Human Love

2018 – Anti-

01. You Without End
02. Honeycomb
03. Canary Yellow
04. Near
05. Glint
06. Night People
07. Worthless Animal

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