, Los 50 Mejores Discos de los ’80

20. Soft Cell – Non-stop Erotic Cabaret

1981 – Some Bizarre / Sire / Vertigo

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Non-Stop Erotic Cabaret es el álbum debut de Soft Cell y uno de los sucesos más importantes de la historia del pop. Gracias a su single “Tainted Love”, el disco fue un éxito de ventas y se convirtió en uno de los mayores exponentes del synth-pop. Pero los diez temas que lo componen son mucho más que ese primer hit. Canciones como “Sex Dwarf”, “Frustration” o “Entertain Me” son las que lo convirtieron en un álbum de culto, que continúa influenciando a grandes bandas de todos los géneros. Sofisticado, elegante, oscuro y sensual; este disco es indudablemente una insignia de los ’80. Santiago Scauso

19.Prince – Purple Rain

1984 – Warner Bros.

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El sexto disco de Prince & the Revolution funciona como la banda sonora de la película Purple Rain, película protagonizada por el mismo Prince, film que pasa sin pena ni gloria excepto por su música: Purple Rain, el disco, es la consagración pop del músico oriundo de Minnesota, fusionando el funk con lo más emergente del soul e incluso del rock. Menos escandaloso en sus letras (excepto por “Darling Nikki”), Prince logró vender 20 millones de copias de este disco, por muchos considerada la mejor banda sonora de la historia. Aún así, la sensualidad y el erotismo cruza toda la obra, con altísimos momentos como “The Beautiful Ones” y la perfecta “Purple Rain”, que con sus casi 9 minutos de duración nos deja con ganas de más. Rodrigo Piedra

18. The Jesus and Mary Chain – Darklands

1987 – Blanco y Negro

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Si pudiera encasillarse a cada disco de The Jesus and Mary Chain en una palabra, no dudo al pensar que a Darklands le corresponde: “hermoso”. El segundo disco de los hermanos Reid es una cálida manera de acercarse a su música y destrozar de una vez por todas todos esos sentimientos a los que no sabíamos cómo llegar. Desde su aparición (en 1987) no existe mejor manera de ser feliz cuando llueve. Agustina Checa

17. Charly García – Piano Bar

1984 – SG Discos

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Siguiendo en la estética de Clics Modernos, Charly vuelve a explotar con Piano Bar, acompañado con una banda perfecta: Fito Páez en teclados y coros, Pablo Guyot en guitarra, Alfredo Toth en el bajo y Willy Iturri en batería. Nuevamente su disco se convierte en una máquina de hacer hits, inmortalizados para generaciones venideras y lo sigue poniendo en el podio del genio del rock nacional. Este álbum contiene canciones como “Demoliendo hoteles”, “Cerca de la revolución”, “Promesas sobre el bidet” y las ocurrentes “Rap del exilio” y “Raros peinados nuevos”, que siguen demostrando que Charly es un poeta excepcional. Julieta Aiello

16. The Smiths – Meat Is Murder

1985 – Rough Trade / Sire

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Político desde las tres palabras que componen su título, el segundo disco de los Smiths es, con su complejidad y divergencia, un hito fundamental en la historia de la cultura que nos constituye. Marr y su excesiva búsqueda musical (que particularmente en este disco atraviesa numerosas facetas), propicia el marco perfecto para que Moz despliegue sus polémicas acusaciones sobre una sociedad que no deja de decepcionarlo. Su fuerza reside en la manera en que esas expresiones son embellecidas por el atrapante sonido de la icónica banda, dejándonos a todos la forma más dulce de adoctrinamiento. Agustina Checa

15. Charly García – Parte de la religión

1987 – Discos CBS / Columbia Records

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¿Es posible escindir la creación de una obra de su tiempo histórico? Es un gran debate en algunos espacios. Quien escribe considera que no; lo cual no significa que todo trabajo deba reducirse a su contexto. Pero Parte de la religión fue publicado en 1987 y hasta el día de hoy resulta imposible separar su contenido de la época que lo vio nacer: muy pocos años del regreso de la democracia, luego de la peor dictadura que sufriera Argentina. ¿Es casual que aparezcan canciones que hablan de la búsqueda de un símbolo de paz? Nunca lo sabremos. Dejamos ese trabajo a los semiólogos y sociólogos. Pero el álbum tiene algo más que música, incluso siendo musicalmente bellísimo. Hay algo en él; algo muy fuerte, que lo hace uno de los mejores trabajos de la discografía de Charly García (y del rock argentino). Canciones como “Adela“, “Necesito tu amor“, “El karma de vivir al sur“… Un disco que mientras se escucha genera esa ansiedad difícil de explicar. Es una especie de frenesí que toma al cuerpo y le hace sentir que hay genialidad allí. Lo escucho mientras escribo esta reseña y de fondo suena: “todo se construye y se destruye tan rápidamente, que no puedo dejar de sonreír”. Sigo escuchando, intento no dejarme llevar por la euforia, la cerveza y todo lo que me acompaña. Retrocedo el disco y decido cerrar esta breve reseña con una frase que dice mucho: “será porque nos queremos sentir bien que ahora estamos bailando entre la gente; será porque nos queremos sentir bien que ahora todo suena diferente”. Say no more… Adrián Rocha

14. Morrissey – Viva Hate

1988 – HMV / Sire

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¿Que sin Johnny Marr no iba a lograr nada? Apenas seis meses pasaron desde que los Smiths editaran su disco final, Strangeways, Here We Come y Morrissey entregó Viva Hate, un álbum con el que le cierra la boca a la crítica y al público: definitivamente puede prescindir de Marr. Lo reemplaza con Vini Reilly y llama a Stephen Street para que lo produzca. El resultado catapulta a Morrissey como el astro del pop enarbolado en desesperación, soledad, desamor y despecho: la poesía de “Everyday Is Like Sunday”, el hit radial “Suedehead”, la asfixiante “Angel, Angel, Down We Go Together” y la polémica “Margaret On The Guillotine”, con la que no deja de hacer política. Iluminado y eterno, Morrissey no tarda mucho en pasar de integrar la mayor banda del pop a ser la voz definitiva de los corazones rotos, siempre haciendo algo imprevisto con las palabras: un dolor esperando la felicidad futura. Rodrigo Piedra

13. Talking Heads – Remain in Light

1980 – Sire

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No hace falta escuchar más de diez segundos de la percusión y los punteos de Remain in Light para instantáneamente reconocer que se trata de los Talking Heads. A medida que el oyente se adentra en estos paisajes sónicos que no parecen estar situados en el planeta Tierra, resulta aparente que el sonido signatura que caracterizó a la banda ha sido pulido y perfeccionado. Bajo la producción y mezcla de Brian Eno, el cuarto disco de las cabezas parlantes es su momento cúspide. Su influencia principal yace en sonidos tribales y música afrobeat: Remain in Light es Fela Kuti canalizado a través del prisma de David Byrne. Así, el producto final está matizado por su perspectiva absurdista, su nihilismo, su humor azaroso y sus neurosis; temáticas que se contraponen a un ritmo que transpira vitalidad. Un track como “Crosseyed and Painless” puede tratarse sobre la validez lógica de los hechos; la alienación corre por todo el LP, sea respecto al gobierno (“Born Under Punches“), la escena neoyorquina de los ’80, o bajo el perfil de conformismo en su hitazo “Once in a Lifetime“. El cierre, “The Overload“, es un tema sobre el apocalipsis donde Byrne, Harrison y el matrimonio Frantz/Weymouth buscaron replicar el sonido de Joy Division sin haberlo nunca escuchado, con la descripción mediática como sola referencia. Remain in Light, resultado de tanta imaginación como innovación, es de lo mejor que parió la década: música de discoteca extraterrestre. Bartolomé Armentano

12. The Smiths – The Smiths

1984 – Rough Trade / Sire

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El primer trabajo de The Smiths constituyó el comienzo de una carrera no sólo exitosa para sus miembros, sino también de ruptura. Es necesario aceptarlo: hubo bandas de ruptura; existieron creadores que cambiaron los paradigmas que hasta el momento cercaban el espectro de posibilidades de alguna disciplina artística. El encuentro entre Morrissey y Johnny Marr dio como resultado un trabajo exquisito. ¿Se pudo tener mejor gusto que ambos para componer canciones? La pregunta es retórica, pero también se encuentra abierta. Quizá sí. Pero habrá que esforzarse mucho para encontrar un dúo de compositores que se complementara de la manera en que ambos lo hicieron, delineando un camino que fue perfeccionándose disco a disco sin por eso anular los trabajos anteriores. Así fue que el primer álbum de The Smiths -lanzado en febrero de 1984- devino en un gran disco conceptual que desde las letras hasta sus armonías invitaba a un viaje a través de la melancolía, la marginalidad y el desamor. Un periplo bifurcado donde los ecos grisáceos de Stretford fueron recreados por Morrissey y acompañados de armonías y melodías también grises, pero nunca lúgubres. La nostalgia de los Smiths no pulsó hacia la muerte, aunque se construyera sobre la carencia. Las atmósferas creadas por Moz y Jonhny Marr dejaron lugar al placer, creando mínimos reductos donde se ejercía una suerte de resistencia foucaultiana, en la cual se abría una batalla destinada al fracaso, pero siempre orientada a la experiencia del placer. Adrián Rocha

11. Pixies – Surfer Rosa

1988 – 4AD

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Surfer Rosa, el debut de los Pixies, es uno de los mejores y más influyentes discos de la historia. Su innovación consistió en explotar al máximo la dinámica quiet/loud, donde un verso inocente culmina en una explosión de ruido en el estribillo. Se trata de la piedra angular a partir de la cual se levantó todo el grunge de los noventa: no sorprende entonces que Kurt Cobain haya seleccionado a Surfer Rosa como su segundo álbum favorito. Bajo la producción del emblemático Steve Albini, el grupo liderado por Black Francis logra aquí establecer en treinta minutos un ritmo desenfrenado, con canciones cortas, simples y directas, llenas de riffs inolvidables. Esto es mérito tanto de Francis como de las habilidades de David Lovering, Joey Santiago, y (por supuesto) Kim Deal, capaz de componer un clásico a partir de una línea de bajo de lo más sencilla. Aún así, quizás la principal destreza de los Pixies – y motivo de su frescura – es su sentido del humor. Éste es evidenciado en la yuxtaposición de melodías pop distorsionadas con líricas que se regocijan en lo grotesco. Es que Surfer Rosa es eso: una celebración de lo macabro y lo absurdo. Sea Kim Deal poetizando sobre superhéroes o los dotes fálicos de un muchacho negro, o Black Francis gruñendo sobre incesto y gore; esta es una banda que no se toma en serio a sí misma. Si eso no los hace ya dignos de aplauso, la música habla por sí sola: “Where Is My Mind?” sigue siendo hoy el himno alterno por excelencia. Bartolomé Armentano

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