Foto: Alex Lake

Anima, el tercer disco solista de Thom Yorke, es una vorágine electrónica que dictamina su afán por recorrer los territorios desconocidos por la mente humana. Si The Eraser sirvió de pantomima y, su consecuente, Tomorrow’s Modern Boxes, como un portal hacia lo abstracto; Anima es el lento descenso hacia las profundidades oníricas de lo cotidiano. Esta alusión caótica que persevera en el imaginario de Yorke desde sus primeras composiciones y, obra tras obra, su lenguaje se complementó y reconfortó, creando uno de los senderos más extrovertidos de nuestra época.

Anima es un disco complejo, de laberintos y pasadizos inestables, de sintetizadores inestables y loops de percusiones que diafragman melodías. Si uno no se agarra fuerte, cae suspendido en la distancia, en el atónito vertedero del sin sentido. Pero si uno toma viaje y atraviesa las fronteras, Anima se escurre para que cada gota deje una huella convertida en otra cosa; como una transformación subjetiva y canalizadora del mundo moderno.

El telón se abre en «Traffic», con una sensación desoladora y claustrofóbica que se mantiene a lo largo de los 48 minutos que dura el disco. Con una lírica desesperanzada, Thom hace de su tecnófoba poética, una forma de ver el presente y ya no tanto de juzgar al futuro. El comportamiento humano, donde la violencia se respira en el aire, es el objeto de las melodías de «Not The News» y de «I Am a Very Rude Person», con frases que se imprimen en la memoria como «I have to destroy to create.» Yorke tiñe la atmósfera de gris y nos sumerge en la extrañeza de su distopía.

El disco salió acompañado por un cortometraje dirigido por Paul Thomas Anderson donde Thom Yorke demuestra sus cualidades en la danza surrealista, como lo había hecho en los videoclips de «Lotus Flower» de Radiohead y «Ingenue» de Atoms for Peace. Pero Anima no es un videoclip, y debe ser considerada como una pieza cinematográfica. Anderson ya ha trabajado con Radiohead en el video de «Daydreaming», la canción de su último disco que pone la piel de gallina al abrir sus shows. Y ese videoclip es una raíz de Anima, ya que Yorke parece haberse quedado fascinado por cómo el director plasmó su lenguaje onírico en una síntesis audiovisual.

En Anima nos encontramos en una especie de pesadilla, donde la maquinaria de arrastre del día a día es un ciclo que atraviesa distintos picos y vuelve a su punto inicial. La explotación es transfigurada coreográficamente y le hace perder todo tipo de individualismo. El corto narra un encuentro chispeante entre Thom y la actriz italiana Dajana Roncione (actual pareja fuera de la ficción); chispeante al punto del intento de romper el mecanismo del engranaje. Una obra de surrealismo kafkiano que le da un tinte absurdo y asfixiante a una analogía de la realidad, que aparenta ser parte de un mal sueño. Anderson y Yorke describen con exactitud el vértigo de esta pesadilla, y encuentran juntos un escape al deseo.

Thom Yorke – Anima

2019 – XL

01 Traffic
02. Last I Heard (…He Was Circling the Drain)
03. Twist
04. Dawn Chorus
05. I Am a Very Rude Person
06. Not the News
07. The Axe
08. Impossible Knots
09. Runwayaway