Fotografía: Matías Casal
Fotografía: Matías Casal

Si lo último que escuchaste de pop chileno es Otra Era de Javiera Mena, está bien, es un pop violento (porque violencia es mentir y el pop es mentira) que te permite descansar en cierto oasis de histeria de karaoke primal, aunque también provoca cierta internalización culpógena que no te permite clavar “Espada” a volumen nivel acto de la UOCRA en el último asiento individual del bondi en hora pico.

En la prehistoria de Astro, cuando estos niños aún no habían editado su primer álbum, pero cuando ya te batían en la cara cosas como “No tengo miedo a las masas te tengo miedo a ti” (“Drogas mágicas“, 2009), se mandaron un remix de “Hasta la verdad” de Javiera Mena, un spot sentimental de aceptable orientación al electropop. El resultado de la intervención fue una ficción de la pretensión de despojo que estipulaba la versión original. Suprimir lo mundano, lo ordinario y orientarlo a la ficción. Eso es pop y eso es lo que hace Astro.

Es el 2015 y Chicos de la luz es el segundo disco de la banda comandada por Andrés Nusser. Tiene diez canciones y basta leer algunos títulos de estás para confirmar como continúan metidos en esta especie de imaginario chamánico psicotropical con coqueteos de blando Jodorowsky y explícita ufología: “Uno” abre el disco y un comentario en YouTube dice que “desde el minuto tres es bueno”, ese ser no tiene paciencia: entre synths y recortes de percusión, Andrés nos mambea un toque como si estuviera inventándose una canción para tirar un speech efectivo en terapia, hasta que en el minuto 3:00 “Implota el universo” y adiós neurosis. “Bardo Thodol” es El libro tibetano de los muertos, eso lo sabés si a veces colgás con History Channel. “Caribbean” es “Caribbean Blue” de Enya sin derechos humanos, e incluye delfines y pop inocente para el movimiento raeliano. La canción que da nombre al disco es una de las mejores del ídem y es droga para mí, el falsete enrarecido en paredes de sonido domesticadas por una nave espacial recuerda a un Hot Chip menos terrenal. El comentarista random de YouTube que en “Druida” comentó “con buenos audífonos cambia la cosa”, tiene razón: “El druida cree que es real, vive en un loop en su mente”. “Danza Celestial” es new age para venusianos. En “Warrior” parece que se ponen densos corte Thom Yorke, pero es sólo una falsa alarma, la canción logra convivir entre puentes digitales y transformarse en un inquietante outtake de Revolver. En “Rico” el sol nos dice que se acaba el tiempo. “Dimensión Suprema” funciona como una síntesis expansiva de esta ficción de reportes sensoriales y ambivalencias cósmicas que es Chicos de luz, no obstante, el cierre está a cargo de “Kafka”: haciéndose eco de la inspiración literaria, el viaje cierra con un drama de cotidianeidad ordinaria y opresiva: hasta que llegás al 1:56. Aguante la ficción.



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Astro – Chicos de la luz

2015 – Discos Río Bueno

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01. Uno
02. Bardo Thodol
03. Caribbean
04. Chicos de la luz
05. Druida
06. Danza celestial
07. Warrior
08. Rico
09. Dimensión suprema
10. Kafka