80. Grizzly Bear – Shields

2012 – Warp Records

Luego de diez años de trabajar juntos y a tres años del aclamado Veckatimest, el cuarteto de Brooklyn nos deleitaba en 2012 con Shields. Grizzly Bear redobló la apuesta y demostró que continuaba siendo uno de los principales nombres del indie. Tras un receso de seis meses luego de la gira de su album predecesor, Droste, Rossen, Taylor y Bear se reunieron en Marfa (Texas) para componer su cuarto disco, pero luego de haber grabado inmensa cantidad de material, éste no resultó convincente y los Grizzly decidieron retomar sus raíces y volver a la casa de la abuela de Droste en Cape Cod (donde grabaron Yellow House años antes) para dejar que, en un ambiente más “familiar”, las cosas fluyan. Y lo hicieron. Por más minimalistas que hayan intentado ser con esta entrega, dejando todo en su esencia misma (en declaraciones de Droste, una estética “very in-your-face” , clara y directa), Grizzly Bear pasó por alto el hecho de que está en su misma esencia lo complejo, lo “barroco”. Es inherente a ellos mismos el ser ambiciosos y desafiantes. En cada una de sus canciones el núcleo es lo más irrelevante al lado de los ricos detalles que la contornean. Y allí se encuentra la grandeza, lo que diferencia a Grizzly Bear de cualquier otra propuesta del indie contemporáneo. – Agustina Checa – Reseña completa

79. Neon Indian – VEGA INTL. Night School

2015 – Static Tongues

Alan Palomo, el texano nacido en México, se hizo un nombre en el circuito independiente detrás de una banda de músicos proficientes y el pseudónimo de Neon Indian, con el que terminó de ser coronado como realeza del chillwave. En su tercer disco, VEGA INTL. Night School, Palomo empujaba hacia el límite las tendencias musicales que ya había esbozado en trabajos anteriores, dejando de lado la introspección onírica para celebrar las discotecas. Al igual que en M83 y el soundtrack de It Follows, hay un dejo nostálgico kitsch que nos lleva a los años en que reinaban los sintetizadores; pero este álbum de Palomo no tiene un pelo de anticuado. VEGA INTL. Night School fue el disco más bailable del 2015: una fiesta en la década equivalente a los ochenta de algún planeta lejano y fluorescente, donde Prince está en lista VIP. – Bartolomé Armentano

78. Fiona Apple – The Idler Wheel Is Wiser Than the Driver of the Screw and Whipping Cords Will Serve You More Than Ropes Will Ever Do

2012 – Epic

Es fácil obsesionarse con Fiona Apple porque encarna una serie de principios que van a reverberar sobre cualquiera que alguna vez haya sentido ostracismo social: el mensaje implícito de su obra es que la autenticidad es la mayor gratificación, aunque sea en detrimento de la aceptación ajena. Es por esto que puede tomarse más de un lustro entre discos (lanzó cuatro a lo largo de veinte años, de periodicidad progresivamente infrecuente): la honestidad vende. The Idler Wheel, su más reciente trabajo, es el mejor precisamente en virtud de ser el más personal. Reflejando su grado de desnudez emocional está la austeridad de la instrumentación: no hay mucho más que un piano y percusión, en su conjunto acentuando el contralto precioso de Fiona. A pesar de su simplicidad compositiva, sin embargo, no deja de ser un álbum bastante extraño. Si momentos outré (como, por ejemplo, el solo de batería de “Limp”) solían ser esporádicos en el repertorio de Apple, ahora sirven de cimientos para toda la escucha. The Idler Wheel se edifica sobre notas discordantes, métricas irregulares y guiños al jazz, expresando así el imaginario nervioso y mega-concienzudo de su compositora. ¿Ha habido articulación más acertada sobre la ansiedad que “Every Single Night”? ¿Sobre la necesidad de que-me-des-atención-pero-también-espacio que el scat de “Left Alone”? Porque cuando Fiona escupe casualmente una referencia a cortarse, no dudamos de su literalidad. No se puede simplemente escribir material así de brutal: nace de un lugar sentido y real, que evade los absolutismos pero también, maduramente, la victimización. Cada noche es una lucha interna, sí, pero eso está bien. Tras el recorrido por sus demonios personales, las últimas dos canciones son de hecho bastante exuberantes. The Idler Wheel es un disco universal pero que no podría haber sido escrito por nadie más que Fiona Apple. Es un milagro encontrar a alguien que valide tus sentimientos: que exprese lo que pensás con la elocuencia que te falta y te haga sentir menos en soledad. Ese es el efecto de la poesía de Fiona. – Bartolomé Armentano

77. Perras on the Beach – Chupalapija

2016 – Independiente

Chupalapija tiene una energía muy fresca que de tan espontánea y desvergonzada conmueve a través de diferentes humores, con mucha verticalidad y simpleza. Pero esta simpleza no es para nada torpe, ni tan cabeza como podría pensarse: una tapa de canguros swag con bling blings en el cuello anticipaba las canciones flasheras, gritonas, puteadoras con improvisada prolijidad; sin embargo, múltiples influencias y sonidos variados constituyen un disco potente, sólido: con una paleta de sonidos amplia, una calidad y un trabajo que los alejaba bastante del predecible lo-fi que podría esperarse de un primer trabajo. Las canciones pasan por el folk lisérgico, un punk rocanroleado y hasta hip hop con rimas absurdamente burlonas que conviven armónicamente bajo el espíritu ecléctico y desinhibido del disco. – Fradi Ocampo

76. Vampire Weekend – Modern Vampires of the City

2013 – XL

Los chicos de Vampire Weekend no fueron los primeros (ni los últimos), pero sin dudas fueron, para ese momento, la banda que se animó a incluir otros instrumentos y ritmos del mundo, cuando publicaron su disco debut en 2008. El resultado era cautivante por todos lados. ¿Alguien podía resistirse a “Walcott” o a “Oxford Comma”? El impacto de Modern Vampires of the City, su tercer y hasta el momento último disco, es casi instantáneo como los dos anteriores: no son requeridas muchas escuchas para (volver a) caer en el juego de los VW y reconocer que es su trabajo más ambicioso y que los colocó en otro nivel: los pibes comenzaron a jugar en las grandes ligas, dándose el lujo de cerrar festivales y hacer crecer el mito y la esperanza del cuarto álbum. – Rodrigo Piedra – Reseña completa

75. Fleet Foxes – Helplessness Blues

2011 – Sub Pop

Tiempo después de que MGMT conquistara el mundo haciendo sonar en cada fiesta un tema que decía «We’ll choke on our vomit and that will be the end: we were fated to pretend» -una celebración de la fantasía y el delirio-, Fleet Foxes, la banda de Seattle que había llevado a otro nivel el revival del folk que consumimos tanto, lanzaba su segundo disco, Helplessness Blues diciendo: «Why this frightened part of me that’s fated to pretend? Why is life made only for to end?» Fleet Foxes trajo este disco para que nos tomáramos las cosas un poco más en serio, para que aprendamos un poco más sobre nosotros mismos y pudiéramos darnos cuenta de que detrás de todo el ruido, de la adolescencia y la juventud mega estimulada, lo que hay es un miedo irreversible al vacío, al sinsentido, a la soledad. Crecer con Fleet Foxes fue el regalo más bello de la suerte y la casualidad. – Mateo Mórtola

74. Beach Fossils – What A Pleasure

2011 – Captured Tracks

Lanzado en 2011, luego de su debut el año anterior, este EP de la banda oriunda de Brooklyn es una bocanada de aire fresco y analógico, con dosis justas de melancolía, guitarras y espíritu veraniego. Sin duda es uno de los trabajos más atmosféricos de la banda, a la vez simple y con una producción sencilla con un espíritu do it yourself que atraviesa cada canción. Temas como «Face It» o «Out in the Way«, grabado en colaboración con Wild Nothing, son los grandes puntales del disco que devuelve una tibia tristeza que concluye con Adversity, tema que cierra el disco y se sincroniza directamente con el primer tema, algo que nos hará querer oírlo otra vez y disfrutar de su tristeza magnética plagada de recuerdos. – Luis Mendoza

73. DIIV – Oshin

2012 – Captured Tracks

Allá por el 2012, de la mano de Captured Tracks, DIIV sacó Oshin, un disco que se convirtió rápidamente en una esperanza para todos aquellos amantes del post-punk. Oshin parte de un juvenil interés por sonidos de finales de los setentas que comenzaría a pensarse como revival. Oshin es un muy buen sueño que logró trascender a su época. Es una ambición sentimental con una energía tan fuerte que logró transformar a DIIV en la punta de lanza de toda una movida underground musical made in New York. ¿Qué sería del rock sin DIIV? Yendo más profundamente, ¿qué sería de aquellas bandas que admiran los atemporales melodías retorcidamente atractivas del dream pop? ¿Qué sería de aquellos seguidores del krautrock que todavía resisten y no quieren caer en sonoridades que no fueron parte de las antiguas vanguardias? Zachary Cole Smith y sus compañeros te invitan a viajar entre melancolías enérgicas y voces anestesiantes. Oshin es un viaje de ida y los buenos viajes te marcan de por vida. – Santiago Qura

72. Fleet Foxes – Fleet Foxes

2008 – Bella Union / Sub Pop

Si el espíritu guardián de los bosques americanos pudiera materializarse en un puñado de canciones, fácilmente lo haría en las que componen la debut autotitulado de Fleet Foxes. A través de armonías delicadas, aunque con momentos de climax imponentes; la banda oriunda de Seattle construye pasajes que se nutren del rock, el folclore de ancestros nativos, la música country y demás sonoridades de la región. Resulta casi imposible no deslumbrarse con la evocación de la belleza rural desplegada en cortes como «White Winter Hymnal«, «He Doesn’t Know Why» o «Blue Ridge Mountain«. Así que, la invitación pertinente es la de entregarse a este disco y dejar que su sonido bucólico nos aleje del caos de la ciudad. – Laura Camargo

71. Arctic Monkeys – Humbug

2009 – Domino Records

Por allá en el 2009, un Alex Turner con frondosa melena y restos de acné adolescente nos invitaba a sumergirnos en un mar de emociones turbulentas. Humbug, lanzado bajo Domino Records y co-producido por Josh Homme y James Ford, era la nueva creación de los Arctic Monkeys, aquellos jóvenes de Sheffield que prometían dar mucho de qué hablar (spoiler alert: Lo lograron). Lo que entonces parecía un álbum de ruptura, hoy en retrospectiva suena más a evolución: mientras los ecos de las botellas rotas en bares suburbanos que evocaba Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not todavía retumbaban en Favourite Worst Nightmare, canciones como “505” y “Do Me a Favour” precedieron algunos de los himnos del desamor de Humbug como la icónica “Cornerstone” y la reflexiva “Dance Little Liar”. Material de culto para los fans nostálgicos, a 9 años de su lanzamiento sigue siendo de aquellos discos que no se pueden pasar por alto: tempos exquisitamente curados y letras que adquieren a cada vivencia nuevos significados, Humbug es un paseo por aquella turbulenta montaña rusa emocional a la que hay que enfrentarse cada tanto. – Romina Bedrossian

70. Frank Ocean – Blonde

2016 – Independiente

Blonde es gigante en sí mismo, y es por eso que se presta a complejas y ricas interpretaciones (una cualidad difícil de alcanzar contemporáneamente). Me gusta identificarlo como una exteriorización del Frank Ocean de 2016: un hombre intrincado acercándose a los treinta años de una vida rica y a su vez tumultuosa, que supo revelarse contra la heteronorma y el convencionalismo social cuando necesitó hacerlo y que continuamente inspira a jóvenes de todo el mundo aun trascendiendo la impronta racial inherente en sus canciones. Las intenciones, reflexiones, y los nostálgicos reclamos de Blonde no podrían conmover, movilizar o alcanzar ese nivel irreal de empatía sin la belleza de las composiciones que les dan forma. Tal como lo hizo líricamente, también es con dinamismo que se desenvuelven sus elecciones estéticas (frenesí y despecho separados en cuestión de minutos). Esta producción de Ocean es un vaivén de emociones contrapuestas. Adoro la predominancia de la guitarra y los cambios de ritmo en el disco casi tanto como aquellas necesarias dosis de introspección y susurros. Blonde es fuerte compositivamente. Refleja la versatilidad de un artista que se presume importante en cada una de sus elecciones estéticas y con esa confianza se afirma de tal modo. La posibilidad de dejar los sentimientos a merced de Ocean, sus frescas guitarras y punzantes ritmos, y dejar que los lleve a dar una vuelta es el componente más adictivo del disco. – Agustina Checa – Reseña completa

69. Portishead – Third

2008 – Island / Mercury

La reaparición de Portishead luego de 10 años de silencio trajo consigo un disco surgido de la oscuridad más absoluta. Luego de la sensualidad ambigua de Dummy y el clasicismo noir de su álbum homónimo, Third es un trabajo donde siempre se busca el extremo y la incomodidad con canciones que se interrumpen en sus momentos más álgidos o que evolucionan hacia terrenos inesperados con la voz de Beth Gibbons (que nunca transmitió tanta desolación) como guía. Si Portishead se caracterizaba por composiciones sumamente perfeccionistas en clave trip hop donde abundaban los scratches y las cuerdas orquestales, en Third se decantan por un sonido mas instintivo y agresivo que los lleva a experimentar con el krautrock y la electrónica industrial. El trío de Bristol parió una obra distante y sumamente densa que se convierte en su reinvención mas apasionante. – Federico Del Val

68. James Blake – James Blake

2011 – A&M / Atlas

Tras una serie de EPs y sencillos que le ganaron sus primeros fans, James Blake emergió en la escena musical en 2011 con su disco debut homónimo. El mismo logró mezclar de una manera excelente el R&B, el dubstep y el indie pop, mientras que sus letras exploraban temáticas como los desencuentros amorosos y cuestiones de su infancia y crianza que lo llevaron a ser quien es ahora. Es un disco profundamente introspectivo y con un sonido invernal envolvente. Cannciones increíbles como «I Never Learnt to Share» o «The Wilhelm Scream» dan la sensación de que Blake es un hombre que es consumido por su propia música, con capas de sintetizadores que se vuelven cada vez más disonantes y abrumadoras. Mientras, otras canciones como «Measurements» y un excelente cover de «Limit to Your Love» de Feist sacan a relucir el lado más expresivo de Blake. Este disco fue uno de los puntapiés iniciales de una década en la que el R&B sería uno de los géneros más vanguardistas y exploratorios, y Blake se convertiría en una de las voces más distintivas dentro de ese género. – Manuel Saiegh

67. Unknown Mortal Orchestra – Multi-Love

2015 – Jagjaguwar

Inútil es intentar escapar a aquella convención social que nos invita a buscar en la vida, amor por sobre todas las cosas. Sin embargo, pocos realmente se han detenido a considerar las diferentes manifestaciones que este amor pueda tomar. ¿Qué tal si además de inmenso, este amor fuera múltiple? ¿Estaríamos capacitados para sentirlo en su plenitud? Esta sensacional experiencia, cortesía de Unknown Mortal Orchestra, propone explorar una nueva gama de posibilidades del sentir condensadas en nueve canciones de ineludible magnetismo. Multi-Love es el nombre del tercer larga duración de la banda que, hace ocho años, lidera el intrigante Ruban Nielson. Para todo aquel que admira la implacable crudeza de sus primeras producciones y, sobre todo, aquel tinte de férrea psicodelia que impregnaba a cada una de sus dulces melodías, Multi-Love puede resultar un tanto confuso. Para aquel que envidia la capacidad de UMO de reinventarse y otorgar frescura a sensaciones clásicamente exploradas, Multi-Love es una grata experiencia, producto de una sed insaciable de nuevos estímulos. Escuchar este disco indudablemente implica una toma de posición. Que celebre el desafío del renacer y se adapte a los nuevos requerimientos de la experiencia UMO, o bien, que reproche vivir en un mundo donde todo parece suavizarse y termina engrandeciendo a los inescapables dominios del pop. Una vez realizada la advertencia, la opción es suya. – Agustina Checa – Reseña completa

66. Beck – Morning Phase

2014 – Capitol

Lejos de los collages sónicos de su emblemático Odelay o el underrated Midnite Vultures, el trabajo que Hansen publicó en 2014 lo encontraba de nuevo acogiendo instrumentación austera y cantando sobre emociones en lugar de su característica absurdidad. Luego de una ausencia de seis años (en la que incursionó en experimentación y hasta lanzó un disco de partituras para que interpreten sus fans), el auto-proclamado loser regresaba con Morning Phase, graciosamente otro triunfo en su catálogo. Morning Phase se situaba como uno de los mejores discos de ese año y también de toda la carrera de Beck; y lo consolidaba a él una vez más como uno de los más grandes artistas de su generación. – Bartolomé Armentano

65. Metronomy – The English Riviera

2011 – Because

Desde las costas del Reino Unido, por allá en el 2011, Metronomy nos traía lo que en retrospectiva podemos considerar su creación más emblemática, un cocktail de suave pop electrónico al que llamaron The English Riviera. La banda liderada por Joseph Mount logró conceptualizar con pegadizas melodías (“The Look”, “Corinne”,“The Bay”) y líricas sinceras (“Everything Goes My Way”, “Trouble”) un disco que nos transporta mentalmente a un espacio tan puro y pacífico como el que simula su arte de tapa. Quizás recién ahora podamos entender el innegable aporte de Olugbenga Adelekan (coros y bajo en reemplazo de Gabriel Stebbing) y Anna Prior (batería y coros/voz) en la consolidación sonora de este material, quienes se sumaron para entonces al proyecto que también integra desde sus inicios Oscar Cash (guitarra). Si bien quizás estemos muy lejos para tomar un paseo reflexivo por la riviera inglesa o demasiado atareados para encontrar nuestro propio espacio de escape en la ciudad, siempre podremos darle play a este álbum que irradia belleza y purgar nuestras tristezas al bailar. – Romina Bedrossian

64. King Gizzard & the Lizard Wizard – Flying Microtonal Banana

2017 – Heavenly

En una decisión desafiante a más no poder, los King Gizzard decidieron que su primer (¡de cinco) álbum de 2017 sea en su totalidad microtonal, y ya desde el nombre develan su quid: Flying Microtonal Banana. Este LP es, sin duda, un boom para nuestro cerebro y que necesitamos escuchar de principio a fin para comprender y aceptar que la creatividad de este grupo no tiene límites. ¿Sonido de viento en un desierto? Eso es lo que parece abrir el álbum más experimental quizás de la corta pero prolífica carrera del septeto australiano. Una idea muy acertada para situarnos en la atmósfera sobre la que se desarrollarán los siguientes 42 minutos y que terminará deforestando neuronas. – Ignacio Sánchez – Reseña completa

63. Kanye West – My Beautiful Dark Twisted Fantasy

2010 – Def Jam / Roc-A-Fella

En 2010 Kanye West sólo tenía que demostrar una cosa: que el mix explosivo de controversias (incluido el famoso episodio con Taylor Swift en los VMA de 2009) en las que se había metido, sus reiterados problemas legales, la sobrecarga de trabajo y su debilitado estado mental no acabarían con la carrera del prolífico productor estrella y rapero de Chicago. Para contestar esa interrogante, Yeezy optó por lo que él mismo definió como un “exilio autoimpuesto” en Oahu, una isla hawaiana donde tuvo que enfrentarse a sus más reciente dramas como la muerte de su madre Donda, su ruptura con la modelo Amber Rose y su mermante imagen pública, proceso que lo llevó a gestar My Beautiful Dark Twisted Fantasy, su obra maestra que, no sólo catapultó su ya exitosa carrera a otro nivel, sino que colocó la vara a una altura a la que, hasta el día de hoy, Kanye nunca más llegó a saltar. Totalmente alejado del minimalismo de su predecesor, 808’s & Heartbreak, esta redención sonora del genio casi inentendible de West fue compuesta por 13 superproducciones llevadas a cabo junto un séquito formado por Mike Dean, No I.D., Jeff Bhasker y otros respetadísimos productores en las que cada elemento aporta su granito de arena con el objetivo de que el producto final resulte una montaña rusa de sentimientos y emociones, y formen los climas ideales para que Ye, JAY-Z, Rick Ross, Raekwon, Pusha-T, Nicki Minaj y compañía escupan sus tan meticulosamente escritas y seleccionadas rimas sobre la situación de Estados Unidos (“Who Will Survive in America”, “Gorgeous”), el auto empoderamiento (“POWER”), los problemas de la fama (“Dark Fantasy”, “All of the Lights”), una relación rota (“Blame Game”) y otros temas. Todo a la par de voces como las de Alicia Keys, Fergie, Elly Jackson de La Roux, John Legend y hasta del mismísimo Elton John, las cuales añaden los condimentos finales a este gran anuncio que advertía: acostúmbrense, porque hay Kanye West para rato. – Maximiliano Rivarola

62. Atoms for Peace – AMOK

2013 – XL

Para 2006, el líder de Radiohead, Thom Yorke, hacía su debut solista con The Eraser, un larga duración que tuvo buena recepción por parte de la crítica. Algunos años después y con la idea de poder llevar esos temas al formato en vivo, convocó una banda conformada por el mismo Yorke, Flea (bajista de Red Hot Chilli Peppers) y Nigel Godrich (histórico productor de Radiohead) a quienes se sumarían también Mauro Refosco (percusionista en las últimas giras de los Peppers) y Joey Waronker (sesionista de artistas como R.E.M. y Paul McCartney, entre otros). El resultado fue lo que se suele denominar un “supergrupo” con un único disco hasta la fecha, Amok, poseedor de la impronta personalísima de Yorke y Godrich (encargados de editar y realizar los arreglos de los temas que conforman la placa) en los terrenos de la electrónica y el rock experimental con los aportes de los músicos mencionados que amplían estos límites hacia nuevos horizontes. – Juan Pérgola

61. Solange – A Seat at the Table

2016 – Columbia / Saint

Para todos aquellos que habíamos quedado embobados gastando en replay las magníficas composiciones de su EP True por tres años, esperar el primer larga duración de Solange costaba porque ya se podía anticipar su grandeza. Para quienes se adentraron en este nuevo disco sin precedentes, el golpe debió ser incluso más aplastante. Es que, miente el que diga lo contrario: A Seat at the Table sacudió al mundo. Poco después de su lanzamiento, “Don’t Touch My Hair” se convirtió en un tarareo mental universal y Solange dejo de ser “la hermana de Beyoncé” para convertirse en una deidad en sí misma. ¿Qué tiene de monumental A Seat at the Table? La fortaleza compositiva desde donde se erige, sus importantes colaboraciones, la firmeza de una artista que apuesta con convicción a sus elecciones estéticas, pero, sobre todo, la urgencia y elocuencia de sus reclamos líricos: igualdad social, ya sea en términos de raza o a través del empoderamiento de la mujer, que encontraba en Solange, su imagen, ejemplo y sentidas palabras, un nuevo referente en su lucha contra un mundo tradicionalmente opresor. Un disco tan grande como A Seat at the Table inspira, regenera las energías perdidas y nos invade de esperanza. Entre los anhelos generados, en mí generó la necesidad de vivir hasta que en un futuro lejano hagamos referencia a Beyoncé como “la hermana de Solange”. – Agustina Checa