60. Diosque – Bote

2011 – Plastilina Records

Bote es el segundo disco del cantautor tucumano y su primera entrada a un estudio de grabación. Segunda vez que trabajó con Daniel Melero, esta vez dejando atrás el sendero lo-fi de I Can Cion y apostando por un sonido más limpio. Que Bote suene a limpieza no quiere decir que su poesía también la tenga. Sino todo lo contrario, Diosque se inspira con los deshechos que forman parte del mundo cotidiano. Si los objetos dejan de funcionar, también así sucede con las relaciones humanas. Diosque percibe un mundo donde los objetos están impregnados de sentimientos: un vestido gris, una camioneta que no dobla; y la atmósfera sonora que aportan los sintetizadores desprende al dibujo del papel y le otorga un pincelada mucho más surrealista. Diosque le da una vuelta de tuerca a la melancolía y la convierte en el lugar indicado para levantarla con ritmos modernos. – Juampa Barbero

59. Coiffeur – Conquista de lo inútil

2013 – Quemasucabeza

Los que habían visto a Coiffeur en vivo durante los meses previos a la publicación de Conquista de lo inútil, su cuarto larga duración, seguramente no se sorprendieron al escuchar esta nueva versión en estudio del cantautor bonaerense. El sucesor de El tonel de las danaides y del EP Nada, donde ya se escuchaba la veta electrónica, cuenta con diez canciones y afirma su alejamiento del folk, sin dejar de lado su guitarra y poesía. Teclados y sintetizadores pasaban al frente de estos relatos, mezclándose con su voz, logrando matices y paisajes sonoros que nunca antes había plasmado en un álbum, pero sí en sus recitales previos al lanzamiento. “Guarida”, “Ovo”, la sensual “Christine” y el cierre de “Nudo” abrían todo un nuevo panorama en los paisajes de peluquería y botines perdidos. – Rodrigo Piedra

58. Nick Cave and the Bad Seeds – Push the Sky Away

2013 – Bad Seed Ltd.

No existe una discografía de Nick Cave. Solo existe Nick Cave. Puede parecer un sin sentido u otro artificio retórico de un crítico que se muere por tocar. Pero no. Realmente lo creo. La mejor obra de Cave es él mismo. Por eso es que hablar de discografía me resulta vago: más que una sucesión de discos y compromisos, de una evolución lineal que simula una suerte de darwinismo sónico, creo que sus canciones son estados que se solapan dentro de un continuo conductual, poético y existencial que lleva su nombre. Desde esta óptica cada disco nuevo pone en perspectiva los anteriores, de manera que cada novedad, lejos de permitirse ser analizada como una parte, se nos presenta como una suerte de revelación que nos tienta con la posibilidad de aludir siempre al misterio de origen. Esto es particularmente notable en Push The Sky Away. Aunque muchos no lo consideren a la altura de clásicos como Let Love In, Murder Ballads o The Boatman’s Call, Push The Sky Away es un trabajo neurálgico: es el decimoquinto trabajo de Cave junto a los Bad Seeds y el primero que graba sin Mick Harvey (fundador de los Seeds), un trabajo más entre los cerca de 30 discos que lleva en toda su carrera y el que sella a fuego la alianza creativa con el inmenso Warren Ellis (también integrante de ese monstruo noise llamado Grinderman y socio en un par de bandas de sonido). Atmosférico y etéreo, la cadencia y la poesía de Cave se pliegan sobre una trama de imágenes que evocan la cultura de masas en un sentido post-moderno. Un ensayo apocalíptico y gonzo que encuentra en «Higgs Bossom Blues» su mejor expresión lírica, pero que, a partir de las matices y repeticiones mántricas de canciones como «Mermaids» o «Jubilee Street«, muestran a un Cave que se metamorfosea y expande hasta tocar el zeitgeist con las manos. Un disco de empuje. Una invitación al salto que, en un revés icárico, terminó siendo el contrapunto perfecto para la oscuridad dramática de Skeleton Tree. – Calamar Xig

57. Los Espíritus – Agua ardiente

2017 – Alto valle

Agua ardiente, el tercer álbum de Los Espíritus, es un viaje psicodélico a puro pánico y locura por las calles de La Paternal. Prietto, como un Damon Albarn porteño, es un artista inquieto y creativo que capitaliza sus ansiedades en proyectos musicales y Los Espíritus es su proyecto más ambicioso, acaso su Gorillaz. Las diez canciones del disco parecen, en apariencia, sencillas, pero al terminar de escucharlo, nos eternizan en una pausa mística, en un registro distinto que requiere una pronta repetición. Las melodías lisérgicas de Miguel Mactas son la base de este cóctel musical anacrónico que bien podría sonar en una película de Tarantino como en una vereda porteña un día de calor. Agua ardiente fue una de las mejores producciones del año pasado porque, mediante su blues acompasado nutrido de un rock setentoso, sintetizaba una tradición musical argentina materializada en épocas doradas con miras a devolverle al presente, un estatuto ausente, sacudiendo una escena algo monótona y carente de producciones tan clásicas y modernas al mismo tiempo. – Guido Arch

56. Gorillaz – Plastic Beach

2010 – Virgin

El tercer álbum de la factoría Damon Albarn (quien compone todos los temas, produce, canta, y toca la mayoría de los instrumentos) es un collage sonoro bajo la bandera del pop que reúne a una multitud de artistas de géneros diversos, desde Lou Reed hasta Snoop Dogg, a quienes invitó personalmente. Un poco más luminoso que su antecesor Demon Days (2004), Albarn confesó alguna vez que con este trabajo estaba haciendo el disco más grande y más pop que ha hecho en muchas formas. El método es conocido: el cantante de Blur recorre los basureros musicales de la industria, va cargando el carrito de desechos y luego en su laboratorio, se pone a reciclar sonidos, darle otra vida a lo que parecía puro descarte. Pura alquimia materializada en sus cuatro músicos virtuales. Aunque Plastic Beach, que presenta una ligera temática ambientalista, no sea el mejor de la discografía, sus 16 canciones terminaron de delinear un sonido, conformar las bases del post-britpop y fusionar con delicadeza el trip hop con el blues y el dub. – Guido Arch

55. Él mató a un policía motorizado – Día de los muertos

2008 – Discos Laptra

La última estación de la trilogía de Él mató a un policía motorizado. Después del nacimiento y la vida el único paradero posible es la muerte y esta es su celebración. Un disco que te cuenta una historia con guitarras sucias siguiendo la literariedad del destino apocalíptico que se dibuja. Imágenes que se vuelven canciones arriba de una casa con un rifle esperando el nuevo amanecer. La destrucción imaginada es aquella repetición prolongada con la forma de un huracán. Es donde más se afianza la idea del concepto que se había plasmado en sus dos partes anteriores: Navidad de reserva (2005) y Un millón de euros (2006). Acá nos adentramos en los últimos movimientos de la banda antes de cerrar una etapa en su carrera; movimientos, ya sea físicos, como recorridos por paisajes destruidos a través de la lírica, o movimientos, en cuanto a lo musical donde se logra generar una atmósfera para caminar por rincones oscuros donde el piso es de grava, acumulando capas y generando paredes de ruido, que se utiliza sucio, como el suelo, por estética para no tener la delicadeza de sonreír el día de los muertos. Algunas canciones resultaron más exitosas que otras en cuanto al momento del recital en vivo, pero es un disco de aquellos que para entenderlos hay que escucharlos de principio a fin, ya que es en su conclusión donde salta lo elemental. Y no es hablando sobre su última canción, sino que en la imagen de la destrucción está en el concepto. – Juampa Barbero

54. PJ Harvey – Let England Shake

2011 – Vagrant / Island Def Jam

En 2011 PJ Harvey editó uno de los mejores discos del año y quizás, el más importante de su orgánica discografía. Let England Shake revisita algunos momentos de la historia de Inglaterra y proporciona una amarga reflexión, dosificada en 12 canciones. El temario sacude viejas concepciones británicas: el imperialismo, las guerras, la muerte de los soldados. El disco supone también, el regreso a la alineación instrumental de una banda, un disfraz que le sienta muy bien y que había dejado colgado durante las introspecciones pianísticas de su anterior álbum, White Chalk (2007). Let England Shake fue grabado en una iglesia del siglo XIX, gran parte en vivo, y esa atmósfera mística se respira a lo largo de los 40 minutos. Las baladas de guitarra, el órgano y los distintos instrumentos transmiten un aura espectral enmarcada dentro de una clásica obra folk-rock. La obra no tendrá la capacidad suficiente para hacer temblar a la reina, pero Polly Jean Harvey, transmite con poesía y espiritualidad un malestar honesto que se capitaliza más en el fondo que en la forma. – Guido Arch

53. Kanye West – Yeezus

2013 – Def Jam

¿Es el mejor disco de Kanye? La respuesta es: no. El mejor Kanye se encuentra entre el songwriter de Graduation y el músico que hizo Dark Twisted Fantasy. Sin embargo, el mérito de Yeezus fue ser distinto y presentar a un nuevo Kanye que sin copiarse a sí mismo hacía un disco sólido. También Yeezus lo encontraba en uno de sus puntos más altos como artista. Por último, se trata de un disco muy personal, en el cual su experimentación nunca cae en el divague, ni tampoco pierde de vista el componente que hace bueno a un disco en lo que respecta a música popular, me refiero al songwriting. Porque es un disco hecho para emocionar desde sus canciones. – Ismael Viñoly – Reseña completa

52. Ariel Pink’s Haunted Graffiti House – Before Today

2010 – 4AD

Hubo un loquito que unió la psicodelia con la colchonería de sintetizadores ochentosos antes que Kevin Parker y ese loquito es Ariel Pink. Y lo hizo lo-fi, como solían hacerlo casi todos los indies antes de que todos tuvieran Ableton en sus Macs. La obra maestra en la que materializó ese amalgama hermoso es Before Today: un disco donde el pasado atormenta al presente tema tras tema, acorde tras acorde. Ariel Pink canta como Syd Barrett y crea ambientes como The Cure a la vez. Temas como «Menopause Man«, «I Can’t Hear My Eyes«, «Bright Lit Blue Skies«, y un himno como «Round and Round» ilustran el eclecticismo de Ariel Pink, atravesados todos por una producción que, en su precariedad y rusticidad, construye una puesta en escena tan hermosa como vanguardista. Elementos de vaporwave antes del vaporwave, 8-bitismo, sintes de los setenta y ochenta, canciones con distintas partes. Ariel Pink hizo en 2010 un disco del 2015 y es hora de que lo revaloricemos como lo merece. – Mateo Mórtola

51. Björk – Vulnicura

2015 – One Little Indian

Vulnicura es una colección de nueve canciones segregadas como tríptico que detallan cronológicamente la disolución y ruptura de la relación de Björk con el artista Matthew Barney. La palabra titular tiene su origen en el latín y significa “cura de las heridas”: Vulnicura es un periplo a través de las emociones más oscuras, y la eventual búsqueda catártica de sanación para un corazón roto. ¿Qué podría haber lanzado la islandesa luego de Biophilia, que lidiaba conceptualmente con la vastedad e interconexión de nada menos que el universo? Literalmente lo opuesto: una exploración de su propio micro-cosmos privado. El break-up album es algo tan antiguo como ese mismo formato: detractores estarán tentados a hacer acusaciones de vanidad o auto-complacencia, pero el desamor es una temática tan universal como cualquiera de las desarrolladas en Biophilia, y que luzca microscópico es algo enteramente relativo. Demuestra un peso lírico mayor que nunca en el corpus de Björk. Sentarse a escucharlo es una experiencia visceral y emocional, meritoria de todas las lágrimas que suscite: es escritura confesional, es su Blue de Joni Mitchell. La artista logró en éste medio lo que Ingmar Bergman ya hizo en celuloide con Escenas de la vida conyugal: un análisis relacional definitivo basado en el conflicto doméstico. Björk siempre ha anticipado que lanzaría sus mejores discos de adulta, acercándose y pasando los cincuenta años, y Vulnicura sólo respalda esa afirmación. Fue increíblemente gratificante que tan adentrada en su carrera, haya sacado lo que realmente es uno de sus máximos trabajos. La islandesa es vanguardia, y luego de tantos años, siguió en el 2015 empujando los límites de lo posible. Björk es una de las artistas más importantes de la historia. Ella puede estar con el corazón roto, pero volvió a capturar el de todos nosotros con éste clásico instantáneo – Bartolomé Armentano

50. Rihanna – ANTI

2016 – Roc Nation / Westbury Road

A sus 27 años y después de siete discos que no convencían como un todo, sino por algunos singles puntuales, Rihanna lanzó a comienzos de 2016 Anti: su álbum consagratorio como estrella pop, de esas que “hay que tomar en serio”. Su octavo disco le demandó casi dos años de trabajo. El proceso empezó después de terminar su relación con el sello Def Jam, para ingresar a la familia de Roc Nation. La de Barbados convocó a productores como Jeff Bhasker, Boi-1da, DJ Mustard, Hit-Boy, Brian Kennedy, Timbaland y No I.D. para llegar al resultado final de estas trece canciones sobre lo complejo de las relaciones, el amor romántico y el autoestima. Ant– debutó en el número 1 del ranking Billboard a fuerza del hit instantáneo que fue “Work”, su dúo con el canadiense Drake que tiene un memorable video. “Kiss It Better”, “Needed Me”, o el guiño a Tame Impala de “Same Ol’ Mistakes”, son algunas otras joyas que ya no suenan aisladas, sino que construyen un nuevo imaginario de Rihanna: la máquina de hits no suena tan procesada y este es su manifesto pop. – Rodrigo Piedra

49. Diosque – Constante

2014 – Quemasucabeza

Juan Román Diosque es un artista especial. Su búsqueda por momentos puede parecer hiper detallista y sus letras, relacionadas al folk o el pop (¿es necesario catalogar?) romántico, se muestran como geniales conjunciones e imposibles de separar entre sí. Porque cada uno de sus trabajos tuvo su sello distintivo. Constante posicionaba a Diosque finalmente como un artista fuera de lo que era el lo-fi, demostrando que la genialidad y la profundidad en las letras no es cuestión de pocos, que la reflexión y la metáfora pueden ir de la mano de la buena música. Por eso, Constante sigue siendo una cita obligada para cualquier amante de la música. – Mono Rubino

48. LCD Soundsystem – American Dream

2017 – Columbia / DFA

LCD Soundsystem siempre representó a la generación perdida de aquellos geeks que aún no se dieron cuenta que ya pasó la secundaria y es su turno de ser los cancheros. American Dream fue la prueba hecha álbum de que siempre debemos ser nosotros mismos pase lo que pase, sobre todo si lo único que pasa es el tiempo. Así, el arte -en este caso a cargo de la mente poética de James Murphy– se podrá proclamar así debido a su sensatez y no su popularidad. El sonido de la banda en su último disco recuerda a un renacimiento concreto junto a todos los elementos que han hecho de LCD Soundsystem los padres del rock alternativo y sintetizado. Al ritmo de sintetizadores englobantes y acuosos, snares de fiesta al mejor estilo de New Order y sobre todo con el ritmo de los bombos selváticos y cowbells sutilmente jolgoriosos, nos ponen a bailar una vez más en nuestras habitaciones como Tom Cruise en Risky Business. Porque eso es LCD Soundsystem, un poco de los ochentas para todos aquellos quienes hoy tenemos veintialgo. LCD Soundsystem ha sido un padre bondadoso y está en proceso de ser ese abuelo sabio que una generación tan confundida como la millenial tendría que oír con mayor detenimiento. – Paulo Srulevitch

47. Tame Impala – Innerspeaker

2010 – Modular

Hay bandas que hacen futuro, y creo que todos estamos de acuerdo en poner a Tame Impala dentro de esta categoría. Así como los Strokes definieron el sonido de los 2000, estos australianos explotaron la veta más hermosa y delicada de la década siguiente. Seguramente Innerspeaker no tiene delicadeza de Lonerism, pero es un disco tremendamente bello y directo. Me permito ser totalmente subjetivo y autoreferencial. Recuerdo la primera vez que lo escuché. Uno de mis mejores amigos, con quien compartía departamento, lo trajo como quien trae una posta o una revelación. “Escuchate esto, nardo”, podría haber dicho. Escuchar las guitarras y el bajo en el comienzo con «It’s Not Meant to Be» me generó una euforia digna de un coro de cancha. Siempre fui un fanático de la psicodelia, pero todo lo que escuchaba y me sonaba auténtico en general era de hace 40 años (dejando de lado a los Flaming Lips y a The Brian Jonestown Massacre). Esto era distinto. Obvio que conectaba con ese espíritu, pero decididamente sonaba a “ahora”. El modelado de guitarra, los patrones rítmicos, las matices de los sintetizadores, las letras que resultaron ser un manifiesto a la libertad (como en «Lucidity«, «Solitude Is Bliss«, «Alter Ego«). Aunque todo resultaba fresco, Kevin Parker también nos convenció que era algo que podríamos haber hecho en todo momento y no se nos ocurrió. A partir de ahí muchos fueron los que tomaron nota… – Calamar Xig

46. Javiera Mena – Mena

2010 – Unión del sur

Si teníamos alguna duda respecto de que Javiera Mena es (incluso hoy día) una de las cantautoras y melody makers latinoamericanas más interesantes de este último tiempo, Mena, su segundo disco lanzado en 2010 lo reafirma. A lo largo de su extensión el pop sin excesos ni cursilerías de la cantante chilena se sirve de una lírica que habla de amor, esperanza adolescente, desamor e ilusiones. «Hasta la verdad» y «Luz de piedra de Luna» son los puntos fuertes del disco synth-pop que es tanto bailable como reflexivo y remite a un sonido no tan actual, no tan edulcorado y prefabricado. Mena es quizás el trabajo más definitorio en la carrera de Javiera el cual con sus sonidos sigue influyendo y guiando sus trabajos posteriores. – Luis Mendoza

45. Animal Collective – Merriweather Post Pavilion

2009 – Domino

El noveno disco de Animal Collective, donde asumen el formato trío y ya no cuarteto, es un intenso viaje a lo más profundo de la aventura de su música. Pocos adjetivos le encajan tan adecuados como aquello desbordante, porque si hasta este trabajo lo primordial era experimentar con todo lo que sea necesario, ahora tomaban el remolino por sus riendas y lo hicieron girar para otro lado. Quizás sus trabajos anteriores sean más experimentales que Merriweather Post Pavilion, pero ningún disco contemporáneo a este logró combinar con tanta eficacia lo místico y ceremonial del ritual pagano con una inflexión futurista de adoración a las máquinas. Este disco es el más fiel a ese sentimiento caudal donde elementos de la música africana, la psicodelia, el folk y la electrónica conviven perfectamente en una nueva experiencia pop. – Juampa Barbero

44. Dënver – Música, gramática, gimnasia

2010 – Cazador

Ser joven es hermoso, pero a veces la osadía nos puede llevar a sufrir demasiados desencantos. Sobre esa constante lucha por el control de nuestros impulsos al tiempo que intentamos crecer y ser felices es que la pareja conformada por Mariana Montenegro y Milton Mahan nos canta en esta placa. Saben dibujar bien historias llenas de dilemas (“Diane Keaton”), momentos de diversión (“Olas gigantes”) o de un encantador romanticismo (“Lo que quieras” y “En medio de una fiesta”); al tiempo que logran un pop delicado, efectivo y aparentemente naif, pero bastante astuto. Asimismo, existen inesperados arreglos semi-sinfónicos en canciones como “Cartagena” y “Los bikers” que terminan de adornar esta colección; mientras que la fiesta explota en temas como “Los adolescentes” y “Litoral central”. Pocos álbumes de la región retratan con tanta gracia el inevitable y doloroso tránsito a la adultez. – Laura Camargo

43. Vampire Weekend – Contra

2010 – XL Recordings

“La gente va a decir que nuestro nuevo disco también apesta, ya estoy preparado para eso”, se atajaba el bajista de Vampire Weekend en 2010, cuando Contra recién acababa de salir. Pero no hablaba desde el derrotismo, sino todo lo contrario. Aunque venían cosechando elogios desde que lanzaron sus primeros demos, su debut homónimo también les sirvió para ganarse una considerable –y muy injusta- cantidad de haters, a lo que Ezra Koenig y los suyos respondieron con más rebeldía. A estos chicos de la Costa Este que se conocieron mientras estudiaban en la Universidad de Columbia, poco les preocupa su fama de yuppies o que los tilden de pretenciosos; después de todo, tienen con qué, y en ese sentido Contra no es la excepción. Antes muertos que sencillos, en su segundo álbum estos vampiros modernos terminan de encontrarle la vuelta a su pop multicultural haciendo rockear al Paul Simon de Graceland con el Elvis Costello de los ‘70, y aunque el título pueda sugerir un antagonismo con Sandinista, nada más lejos de la realidad; el abanico sonoro de Contra es casi tan amplio como el del emblemático álbum de los Clash y, al igual que éste, manifiesta su amor por los ritmos latinos sin dejar de lado la dimensión política. – Marina Cimerelli

42. Björk – Biophilia

2011 – Nonesuch

Es el séptimo disco de Björk y es uno de sus desafíos más propensos a la abstracción, ya que derrumba toda una estructura pop para empezar a rebuscársela y hacer, del recorrido, un laberinto para quien lo escuche. Un laberinto de espejos, de arbustos o de madera, ya que el interés pasa por apropiarse de distintos soportes y resignificarlos a su forma de expresión vanguardista. Un laberinto unicursal que te lleva directo al círculo, desde donde toda la trasgresión y el vértigo futurista te expulsan por un portal al lado del que entraste. Entrás y salís de la misma forma, pero la hipnosis desbordante es el juego de un péndulo gigante que atropella montones de sonidos. La exploración de sintetizadores con la violencia de una ametralladora y la serenidad del polvo de estrellas. Björk le hace frente a la posmodernidad con un disco minimalista en términos de producción, trabajado con iPod, pero con una complejidad trascendental y trasgresora para toda la historia. – Juampa Barbero

41. Atrás hay truenos – Bronce

2016 – Discos Laptra

El tercer álbum de los neuquinos llegó en 2016 para entregarnos atmósferas ensoñadoras, aunque su sonido también puede resultar por momentos agreste e impredecible. Las canciones de Bronce continúan abordando asuntos relacionados con la compleja relación entre humano y naturaleza de maneras realmente poéticas. Mientras que a nivel musical, las melodías parecen tejidas con un sinfín de capas con sutiles detalles que, gracias a una gran calidad de producción resultan nítidos y atrapantes. Y si bien la influencia del krautrock sigue siendo palpable en la estructura de casi todos los temas, a su vez, y de un modo muy astuto, la banda lejos de sonar fría o robótica lograba reinventarse con este disco y consolidarse como una propuesta cada vez más madura y con vocación de trascendencia. – Laura Camargo