40. Yves Tumor – Safe in the Hands of Love

Warp Records

En su tercer disco, Yves Tumor arriesga y gana. Safe in the Hands of Love es una compleja pieza con paisajes sonoros sombríos e introspectivos que nos ponen de cara a una realidad bizarra marcada por la experimentación y el hip hop. Canciones como «Economy of Love» o «Hope in Suffering» nos dejan ver la naturaleza sangrienta y aterradora que marca a todos los temas. En contraparte, el disco roza sus momentos más alegres y accesibles en temas como «Noid» o «Licking an Orchid» pero no deja de jugar con lo incómodo: a veces los espacios que podrían ser llenados por arreglos o coristas tienen glitches, gritos y demás sonidos que mantienen el norte siniestro. En este álbum, lo apocalíptico convive (pero se impone) con lo cinematográfico y transmiten una serie de sensaciones que incomodan, rompen y estimulan. – Martín Córdova

39. Kacey Musgraves – Golden Hour

MCA Nashville

El último álbum de Kacey Musgraves es casi perfecto. A través de la combinación de los elementos claves del country con lo mejor del pop, la artista texna ade 30 años reafirma que es cosa seria. Subestimada y criticada durante años por ser políticamente incorrecta y llevar adelante un country de letras progresistas (cargadas de ironía, acidez y crítica social), Musgraves decide dar un volantazo y orientar sus canciones a todo aquello que le hace bien, sin perder el humor y la rebeldía. “Space Cowboy” es una de las mejores canciones del disco, una hermosa pieza country al mejor estilo Lady Antebellum. En esa línea, se destaca también «Butterflies», una dulce carta de amor a su marido que nos recuerda a la Taylor Swift de los inicios. Si bien las mandolinas y los banjos aparecen con frecuencia a lo largo del disco, hay mayor lugar para las guitarras eléctricas, las percusiones repetidas, los sintetizadores y los vocoders. El pop toma la posta en Golden Hour de la mano de la bailable «High Horse» -un tema con alma de hit- y la pegadiza «Velvet Elvis». Pero también hay lugar para las baladas de piano y por eso Musgraves nos deleita con «Mother» y «Rainbow», que demuestran la versatilidad con que la norteamericana se mueve a lo largo de este álbum sin perder nunca la esencia. Nominado a varios premios Grammy, Golden Hour es uno de los discos del año y el triunfo de una artista que pisa cada vez más fuerte. – Josefina Chalde

38. Tani – Mew

Yolanda Discos / Discobabydiscos

Mew, el segundo LP de Tani, está compuesto por siete canciones que conjugan entre ellas una especie de espiral. Tiene la punta de los pies en la melancolía y el talón en la felicidad: Alegra, angustia, vuelve a hacer reír y quiebra la sonrisa una vez más. Lo demás es un sube y baja como los que están en los parques y donde se pasa la niñez. La música de Tani es un flechazo directo a la nostalgia pero con una chispa pop que impide caer al suelo. Se flota entre algodones y un arcoíris, tiene inocencia y dulzura; pero a la vez algo frío y robótico que pone la figura del sube y baja en movimiento circulares, espiralados, ya más como un carrusel en un parque de diversiones. Mew es un disco con armonías que embellecen el momento de escucha, sus ritmos pegadizos entran por un oído y se quedan sonando, repitiéndose, hasta que se vuelve un tarareo adecuado para enfrentar cualquier situación. Porque siempre levitó en el medio, en el sube y baja, en la mejilla que hace fricción con la boca para volver a meter la lágrima dentro del ojo. – Juampa Barbero – Reseña completa

37. Lykke Li – so sad so sexy

RCA / LL

El cuarto disco de la sueca Lykke Li actualiza su sonido con una impronta más urbana, más moderna de componer sobre lo que siempre compuso: corazones rotos en el marco de desencuentros, conflictos emocionales y gente que se va. El de so sad so sexy es un pop suave que, entre arreglos vocales de R&B y bases traperas, da forma a una melancolía que empalaga y aún así se puede bailar. En “Deep End” hay besos, pero saben a cloro, y el amor se hunde en fondo de la piscina. “Utopia”, el cierre del álbum, es un canto de Li a su madre, fallecida en julio del año pasado. Son diez canciones sobre rasguñar el aire en la oscuridad esperando acariciar alguna cosa que pueda devolverte algo de amor; la delicada belleza de un atardecer que no termina de oscurecer, o de un domingo que antecede a otro domingo. Así de íntimo y todo, el disco nace con la llegada de nuevos colaboradores al trabajo de la cantante: participan el productor Malay, que buscó emprolijar el sonido del álbum para mantener su elegencia, e Ilsey Juber, compositora amiga de la artista, a lo largo de todo el disco. – Lisandro Ruiz Díaz

36. Christine and the Queens – Chris

Because Music

En su segundo disco, la francesa Héloïse Letissier decide transformar su alter ego y adopta la forma de Chris. Si en su ópera prima había sutiles referencias a la fluidez del género y el conflicto entre la autopercepción y lo que el espejo devuelve, en Chris (ya desde su título) ese desafío a la norma es mucho más explícito y comedido. Es un disco donde el empoderamiento femenino está dando por la experimentación propia del deseo utilizando las referencias al funk sintético y sexual de Prince como vehículo para su manifestación. Chris es un álbum cohesivo, marcado por una sonoridad que evoca la nostalgia por el pop ochentoso de sintetizadores, estableciendo una conexión entre la rudeza del funk y el hedonismo sofisticado de la música electrónica francesa. – Federico Del Val

35. Father John Misty – God’s Favorite Customer

Sub Pop / Bella Union

Father John Misty, tal como se hace llamar este predicador hipster de 37 años, no bromeaba cuando dijo que God’s Favorite Customer iba a ser un álbum sobre el desamor. Bajándole unos cambios al histrionismo que había caracterizado a Pure Comedy, su predecesor de 2017, en su cuarto LP el ex Fleet Foxes se anima a mostrar su costado más vulnerable, fabricando un confesionario a su medida. En este manifiesto intimista de 38 minutos, Josh Tillman reafirma su amor por las baladas clásicas; pero no sin antes consentirle algún que otro capricho a sus demás alter-egos. Así las cosas, su condición de crooner nihilista -nunca mejor aprovechada- alcanza niveles épicos en la desgarradora “Please Don’t Die”, una súplica preciosista que derretiría hasta al mismo Elton John, pero luego juega al rockstar sin culpa en “Date Night”. Y por si a alguien se le olvida, ahí está también “Mr. Tillman”, para dejar bien claro que la fama de excéntrico no se la ganó en vano. Pero a pesar de la irreverencia, nada hay de caprichoso en su cartografía sonora; y mientras “Disappointing Diamonds are the Rarest of them All” invita a fantasear con un Lennon producido por Jeff Lynne, el cliente favorito de Dios puede estar seguro de haber alcanzado la divinidad, porque ha entregado el mejor álbum de su carrera. Al menos hasta ahora. – Marina Cimerelli

34. Thom Yorke – Suspiria (Music for the Luca Guadagnino Film)

XL

El contraste que se puede apreciar entre la Suspiria original y la remake del 2018 es impresionante. La original de Dario Argento era un asalto a los sentidos con una paleta de colores estridente en consonancia con una banda de sonido intensa a cargo de Goblin en la que el poderío de los sintetizadores era llevado al extremo en una explosión sonora que cruzaba al rock progresivo con el gótico. La remake del 2018 apuesta por un cambio radical, los colores son fríos y el imaginario visual es más sutil y contenido, y exactamente lo mismo ocurre con la banda sonora a cargo de Thom Yorke. El soundtrack supone una condensación entre la electrónica gélida de obras como Kid A (donde había un fuerte componente cinemático) y composiciones clásicas donde el piano establece un juego entre el vals y el fuerte protagonismo de la danza clásica en el film. En el soundtrack de Suspiria, Yorke sugiere que ésta nueva versión se decanta por un tono intimista, atmosférico y dramático, encontrando una forma de generar miedo más sugerente donde antes el terror era más explícito y gratuito. – Federico Del Val

33. Perras on the Beach – Flow de Cuyo

Independiente

En Flow de Cuyo, la rebeldía característica de Perras on the Beach se mantiene (el faso y los amigos también), pero la actitud frente a todo es otra. Los pibes meten los pies en el barro y salen a la cancha apuntando con el dedo, entendiendo el alcance inevitablemente político de su arte, encarando todo eso que estaría re bueno incendiar, encender, o intentar. Así es como Flow de Cuyo tiene todo para funcionar de la misma manera que lo hizo Chupalapija. Logrando que lxs jóvenes puedan reflejarse en él, no solo por lo sonoro, que mezcla al indie rock con elementos trap y hip-hop, sino sobre todo por cómo expone como una paleta de colores las problemáticas y las ambiciones de hoy. Hay miseria, hay amor, hay enojo y hay futuro. – Lisandro Ruiz Díaz – Reseña completa

32. Jvlian – Crisis

Independiente

Crisis no se queda en un mero título acorde a la época que nos toca, sino que se encarga de criticar al resto, a ese otro invisible, mira con asco a quienes lo rodean. Pero por sobre todas las cosas hay una autocrítica, quizás la más importante de todas, ya que es ahí donde está la enormísima maduración que hace que los Jvlian pasen de ser una banda de hip hop con altas dosis de humor entre letras y talento musical a ser una banda que se adapta a los tiempos que corren (tanto social como musicalmente) y se permite esa introspección necesaria para ser más que una moda. – Juan Pérgola – Reseña completa

31. Idles – Joy as an Act of Resistance

Partisan

A 40 años del estallido punk, el género vuelve a ser relevante gracias a Idles. De soñar con la anarquía a bregar por la unión en contra del discurso del odio, el género encuentra en el segundo álbum de los británicos su necesaria reinvención. Joy as an Act of Resistance se erige como el álbum que el Reino Unido necesitaba a modo de respuesta furiosa al Brexit. Cuestiones de clases, inmgiración, la masculinidad tóxica y el amor son las cuestiones que cruzan a este disco centralmente político. Influenciado también por experiencias personales como el fallecimiento de su hija al momento del parto, el cantante Joseph Talbot fue claro con la consigna desde el título: el goce no solo es un derecho fundamental, sino también un lugar donde buscar refugio. Una trinchera de emociones con la dosis justa de rabia. – Rodrigo Piedra