40. M.I.A. – Kala

2007 – XL Recordings

El segundo disco de Mathangi Arulpragasam, más conocida bajo el seudónimo de M.I.A., vio la luz el 8 de agosto de 2007 mediante el sello XL Recordings. En este trabajo se aprecia un exquisito rejunte de ritmos y eso fue lo que lo hizo tan especial ya que el uso de instrumentos típicos de regiones africanas, sampleos, rap y electrónica conviven en una misma obra. Durante el proceso de grabación, la artista viajó por varias locaciones alrededor del mundo: India, Jamaica, Australia y Liberia fueron algunos de los destinos que inspiraron a esta muchacha para darle vida a este álbum que es casi indispensable para animar una juntada entre amigos un fin de semana. Con hits como “Bird Flu“, “Boyz“, “Jimmy” y la clásica “Paper Planes“, KALA se convirtió en un álbum que todavía nueve años después nos hace mover como si fuera la primera vez que lo escucharamos. – Florencia Garrido

39. The Shins – Oh, Inverted World

2001 – Sub Pop

Cuando James Mercer decidió transformar Flake Music (la banda que tuvo durante varios años y con la que llegó a sacar un LP) y redefinirla como The Shins, no fue un cambio superficial, sino un gesto dirigido por un impulso creativo fresco y novedoso, que vino a darle otra vuelta al mundo de la música independiente. Tomando como fuente a The Beach Boys, salpicados por Big Star y haciéndose eco de contemporáneos como Modest Mouse, The Shins brinda en su debut oficial un fluir de canciones breves y casi perfectas. Con elementos de psicodelia, folk y alt-country, las melodías mantienen una energía vibrante y muchas veces eufórica, en las que reposa una corriente de melancolía, que resurge por momentos. Con ya quince años desde su salida, Oh, Inverted World mantiene su vigencia como una pieza fundamental del imaginario “indie” del nuevo milenio. – Mariano Rosales

38. Red Hot Chili Peppers – By the Way

2002 – Warner Bros.

Tres años ya habían pasado desde la salida de Californication cuando el 9 de julio de 2002 los Red Hot Chili Peppers editaron By The Way. El disco fue un punto de inflexión ya que se desprende de esa fusión punk-funk que caracterizó a la banda durante toda su carrera para acercarse a un plano más emocional y melódico. Quizás el principal responsable de que esto sucediera fue ese multifacético guitarrista llamado John Frusciante. A diferencia de Flea, quien quería seguir explorando el universo funk, Frusciante pensó que era hora de crear algo nuevo y sumergirse en terrenos que hasta en ese entonces casi no habían explorado: por eso, él y Kiedis pasaron varios días discutiendo los progresos de guitarra y las letras, las cuales esta vez se tornaron mucho más personales. “Can’t Stop”, “By The Way” y hasta “Throw Away Your Television” son las únicas canciones que pueden asociarse al pasado sonoro del grupo, el resto suena completamente ajeno. Probablemente este cambio sea más evidente en canciones como “Tear”, “On Mercury”, “Warm Tape”, en las bellísimas “The Zephyr Song”, “Universally Speaking”, “Dosed”, “Don’t Forget Me” y en la mágica “Venice Queen” en la que Frusciante hace sonar su guitarra tan simple como fabulosa. Mención aparte son los coros de John en cada una de las canciones, especialmente en esta última en la que los hace los seis minutos que dura el tema; su voz ya había estado presente en Californication pero en By The Way terminó de predominar. – Daniela Álvarez

37. Adicta – Miedo

2003 – Isopo Discos

Después de que Rolling Stone eligiera a Shh (2000) como el mejor disco del año, la dupla creativa Adrián “Toto” Nievas – Rudie Martinez no defraudaba en su sucesor y llegaba a su pico en Miedo, el segundo disco del grupo fundado en La Plata. El álbum abre con el mayor éxito que tuvo la banda, “Tu Mal“, ese que llegó a rotar más que otros de su videografía en MTV y MuchMusic, permitiendo un mayor alcance a nivel nacional, saliendo del under porteño y platense. La época era testigo de un florecimiento del electropop, con bandas como Adicta, Los Látigos, NerdKids y Miranda! como principales exponentes. Adicta guardaba el costado más nocturno de todos, de antros con poca luz y mucho glitter, amores enfermizos y la autodestrucción emocional que solo una mala experiencia de sexo casual puede darte; pero siempre con las ganas de bailar activas. – Rodrigo Piedra

36. El Mató a un Policía Motorizado – El Mató a un Policía Motorizado

2004 – Discos Laptra

No sería muy arriesgado decir que a partir de este disco nació toda una escena, o cambiaron muchas cosas en buena parte del under argentino. La filosofía de Santiago Motorizado y compañía invitaba desde el comienzo a apostar por un rock diferente: alejado de idolatrías personales, más orientado a fomentar lo colectivo, a la construcción de algo nuevo entre todos. Desde la primera escucha, es perceptible cómo en canciones como “Sábado” y “Tormenta Roja” la banda platense aborda angustias relativas a la soledad y al fracaso con un sonido que evoca fuertemente a Sonic Youth, pero luego empieza a ofrecer esperanza y ánimo de lucha en temas como “Nuestro Verano” y “Rock Espacial”. Frases en plural como “Piensa en todos, es nuestro día” y “Hoy toca estar juntos los dos” empezarían a marcar el camino lírico simple y poético que identifica a esta banda y que busca reivindicar las pequeñas luchas cotidianas. Años después, es evidente la influencia de este álbum en propuestas como las de Las Ligas Menores, Bestia Bebé y tantos otros artistas de la escena independiente. En todo caso, alguna vez leí en internet un comentario que lo sintetiza todo: “Él Mato no es una banda, es un amigo”. – Laura Camargo

35. Beck – Sea Change

2002 – Geffen

En un extremo totalmente alejado de su sonido emblema de los ’90, dejando de lado los relatos urbanos y aquellos ritmos experimentales, en su octavo disco Beck nos presenta una faceta en la que sin dudas se luce: más espacial, cálido y emocional. Producido por Nigel Godrich (quien también lo acompañó en Mutations) y el mismo autor, Sea Change se consagró al instante como uno de los más importantes de su carrera. El álbum es un viaje inspirado mayormente por una ruptura con una novia de mucho tiempo, algo que se refleja en su conjunto de canciones reflexivas e introspectivas (en “Guess I’m Doing Fine” canta “sólo sos vos lo que pierdo, supongo que me va bien”). Entre arreglos de cuerdas, mares de guitarras acústicas y teclados oníricos, es sin dudas el trabajo más íntimo de Beck y deja en claro la capacidad y la increíble elasticidad con la que el músico puede variar entre estilos y géneros: Sea Change se parece en concepto y sonido a Morning Phase, lanzado más de una década después, pero nada tiene que ver con Güero (2005), su simpático y -otra vez- experimental sucesor, ni tampoco con los beats electrónicos y saturados que tal parece nos esperan para su nuevo lanzamiento, en octubre de este año. – Lisandro Ruiz Díaz

34. Jaime Sin Tierra – Autochocador

2000 – Discos Sin Tierra

Frecuentemente presentado como el OK Computer argentino, Autochocador brilla con luz propia. El tercer disco de la banda de los hermanos Kramer marca una bisagra en su carrera, abandonando el costado más guitarrero pero definitivamente todavía embaderados en la melancolía. El nuevo camino que marcaría Autochocador, musicalmente, incorpora más atmósferas y arreglos mucho más cuidados, comenzando a experimentar también con lo electrónico. Las canciones en este disco tienen como punto en común los transportes, o la movilidad, ya sea por aire, tierra o agua: temas como “Torta“, “Azafata“, “Ciempiés” o “Camión” lo demuestran. Jaime Sin Tierra quizás fue el primer grupo independiente de exportación de nuestro país. Algunos años antes de que El mató toque en un Primavera Sound, o que Juana Molina edite mediante un sello europeo, Autochocador fue elegido como el quinto mejor del año por la edición francesa (y madre) de Les Inrockuptibles. Jaime Sin Tierra se hizo su lugar dentro de la historia del pop argentino por su personalidad inconfundible, sellada por Autochocador, obra que se resiste al paso del tiempo. – Rodrigo Piedra

33. Cat Power – The Greatest

2006 – Matador Records

La hipnótica y elegante tristeza de este disco de Charlyn Marshall llegaría a comienzos de 2006 para desde entonces hacer parte del soundtrack de muchas de nuestras tardes lluviosas y jornadas introspectivas. Tan solo la balada que da nombre y abre este álbum ya ha sido escogida infinidad de veces para musicalizar emotivas escenas en diferentes series televisivas y producciones cinematográficas. De cualquier forma, el resto de los temas ofrecen una gama sonora que coquetea glamorosamente con el jazz y el blues en canciones como “Could We?”, “After It All” y “Hate”. Todo ello fue logrado gracias al acompañamiento instrumental de músicos de la escena del soul que la artista premeditadamente convocó cuando decidió escribir este conjunto de composiciones, logrando así la producción que más se aleja del estilo folk característico marcado por sus anteriores discos. En todo caso, más allá de cualquier género o tecnicismo, The Greatest aún hoy se mantiene como una sólida muestra de la valentía/talento a la hora de cantarle al amor y a las penas del alma de la oscura chica sureña. – Laura Camargo

32. Babasónicos – Infame

2003 – Pop Art Discos

A finales de 2003, Dárgelos y compañía se animarían al más delicioso y provocador pop del que solo ellos eran capaces por aquel tiempo. El sucesor de Jessico dejó a más de uno maravillado, sumando nuevos seguidores y decepcionando a algunos de vieja data; marcando sin dudas un antes y después en su discografía. Después de todo, ser nominado a un Grammy no suele ayudar a una banda de rock a establecerse como alternativa, sino todo lo contrario. Más allá de los prejuiciosos, para quien está dispuesto a escuchar con atención, este álbum contiene en su mayoría letras motivadas por el amor y el deseo; aunque canciones como “Putita”, “Y qué” y “La Puntita” son protagonizadas por referencias sexuales y frases cáusticas que las ubican lejos poder ser consideradas como románticas. Por otra parte, un rock ligero y contagioso logró hacer de “Irresponsables” y “Risa” éxitos radiales que perduran aún hoy en la memoria colectiva de oyentes en toda la región hispana. Y asimismo, también nos encontramos con cortes como “Once” y “Sin Mi Diablo” en los que los músicos retoman la explosiva energía de sus primeros discos. De cualquier forma, para quienes lo hemos venido escuchando a través de estos años, Infame puede resultar ser un disco astuto, melódico y genialmente desvergonzado. – Laura Camargo

31. Sufjan Stevens – Illinois

2005 – Asthmatic Kitty Records

A principios del decenio, Sufjan Stevens obtuvo fama por escribir discos folk hermosos compositivamente minimalistas. Luego de describir la calma de Michigan con una precisa economía de recursos, Stevens decidió capturar el timbre del estado homónimo mediante una instrumentación apropiadamente más barroca y una producción extravagante. Más que priorizar una narrativa lineal y concreta, el encargado del revival folk de los 2000 optó por dilucidar la atmósfera de la geografía de Illinois a través de un ritmo impresionista, compuesto por fragmentos de historia tanto local como personal. Y es que una de las destrezas de Sufjan es esa: su capacidad de traducir lo autóctono a lo universal, encontrando en el camino el equilibrio entre lo magnánimo y lo íntimo. Es casi imposible pensar que una sola persona sea capaz de escribir tantas melodías vocales angelicales y tantos arreglos intrincados, orquestando todo desde los vientos a la percusión; desde las teclas a las cuerdas, guitarras y banjos. Precisamente, sus tendencias maximalistas dejan entrever un virtuosismo más épico aún que la extensión del título de cada canción. Quizás el momento más representativo de esto se halla en el tema del título paradójicamente más corto: “Chicago” es el himno por excelencia de una década entera. Pero los cortes de finger-picking son igualmente punzantes en su desnudez: sea el falsetto de “John Wayne Gacy Jr.” o los rasgueos de “Casimir Pulaski Day“, cuyas camisas dentro de pantalones y zapatos desatados aluden a la desesperación de perder a un ser querido ante algo tan trágico como el cáncer. Es que el multi-instrumentalista, siguiendo la tradición de artistas de la talla de Joni Mitchell, desnuda su alma y deja sus emociones al descubierto, abandonando en el camino a toda noción impuesta de masculinidad para retomar su vulnerabilidad y reapropiarla como virtud. Una sinfonía en todo sentido, Illinois sigue siendo el mejor trabajo de Sufjan Stevens; y un pilar apoteósico en el arte del siglo XXI en general. – Bartolomé Armentano